2 dic. 2009

Nochebuena

Faltan 22 días para Nochebuena y aún no he comprado ningún regalo. En casa nos los damos el día 24. No podemos esperar a Reyes, porque el día de Reyes no hay nadie a quien dar regalos.
Llevo 18 años recibiendo dos pares de calcetines de rombos y un sobre con pasta. He ido acumulando tal cantidad de calcetines, que he tenido que dedicarles un mueble a ellos solos. El primer cajón es para los de tonos azules, el segundo para los de tonos negros y grises, el tercero para los marrones, el cuarto para los inclasificables, y el quinto y sexto para los que no tienen rombos. Esos me los he comprado yo sola, con mi dinero, no con el dinero del sobre.
Volviendo a los regalos que no he comprado, tendré que ir a El Corte Inglés a buscar algo. En la sección de Informática podré elegir entre los ratones con forma de pimiento rojo y las alfombrillas para ratón con forma de sartén con huevo frito dentro. En la sección de caballero, los pijamas rojos con dibujos de Papá Noel, los gayumbos con árboles de Navidad, o los tres pares de calcetines de rombos metidos en una caja metálica muy elegante como si fueran galletas danesas. En la sección de relojes podré elegir entre los trescientos veintisiete modelos existentes. En la sección de música no entro, por razones que no voy a explicar aquí, no vaya a ser que me corten la conexión a internet. Y la sección de señoras no merece una visita porque ya estoy saturada de ver objetos inservibles sin haber salido siquiera de casa.
Llegará el día 24 y nos haremos entrega de nuestros regalos. El cajón de los calcetines de tonos azules recibirá con alborozo a un nuevo inquilino, y mi cartera, con aún más alborozo, la llegada de nuevos colegas marrones o amarillos, si hay un poco de suerte.