14 nov. 2016

Una cateta volando (Día 13)

En el avión de Miami a Madrid me tocó sentarme junto a una estudiante española. No le di oportunidad de iniciar la conversación que se veía que quería mantener conmigo. Me coloqué la almohada cervical, la capucha de la sudadera, el antifaz, me enrollé en la manta y me eché a dormir.
Me despertó a las once y media el olor a comida. Me quité el antifaz y acepté el menú de pollo que me ofrecieron. Aquello era como un nugget gigante con mostaza por encima. En el centro tenía un trozo de jamón york. La ensalada era una pasta formada por atún, medio tomate, maíz y guisantes. Lo que me gustó de verdad fue la tarta de queso con fresa por encima. De lo demás sólo comí un poco.
Una vez terminé de cenar, me volví a poner el antifaz y a envolverme en la manta. Estiré las piernas todo lo que pude y me eché a dormir. Y dormí, vaya si dormí. Creo que desperté un par de veces, pero no fue grave.
Llevábamos unos cuantos niños en el vuelo. Dos necesitaron cunas. Las instalaron en la pared de los baños a mitad del avión. Aunque no lo parezca, debajo de esa cantidad de trastos hay un bebé durmiendo. Al principio, uno de los bebés no hacía más que asomar la cabeza por el borde de la cuna. Había mucha luz y mucho ruido durante la cena. No era capaz de dormirse.
A las seis de la mañana hora de Miami, doce del mediodía hora de España, una azafata caminó por el pasillo despertándonos con un “buenos días, vayan bajando las bandejas” que me sentó como una patada en la boca.
Nos pusieron en la bandejas una de esas cajitas rojas que tanto valen para merendar como para desayunar conteniendo un croissant de jamón y queso que estaba seco, una magdalena de manzana, un paquete de gominolas y una chocolatina diminuta. Se nota cuando la comida no está preparada en España.
Aterrizamos en Barajas a la una de la tarde. Casi no se notó cuando las ruedas se posaron sobre la pista.
Al salir del avión vi una de las naves de Emirates que tiene dos pisos, con duchas para la clase superior, el Airbus A-380-800. Un trasto enorme.
Intenté quedar con Laura, que aterrizó media hora antes que yo en el vuelo de Air Europa. No fue posible porque ella estaba en la T2 y yo no podía entrar allí sin un billete para esa terminal. Tuvimos que despedirnos por Whatsapp.
Sufría un intenso dolor en el coxis por haber pasado tantas horas en la misma postura en el asiento del avión.
Me senté junto a una de las estaciones de recarga que Samsung tiene instaladas en el aeropuerto. La batería de mi ordenador falleció hace tiempo. No me he molestado en reemplazarla. El pobre tiene ya ocho años y medio, ha dado la vuelta al mundo conmigo y sigue funcionando sin un solo pantallazo azul. Pero le cuesta, le cuesta la misma vida hacer cualquier cosa.
En el televisor estaban dando las noticias. Desde que embarcamos el miércoles en Port Everglades he estado completamente aislada del mundo. Ahora me acuerdo que tenemos gobierno, que Trump es el próximo presidente de los Estados Unidos y que tengo un trabajo que me está esperando el miércoles. Voy a ver si parte algún vuelo de aquí a Las Bahamas para salir huyendo.
Y luego pusieron el anuncio de la lotería de Navidad. La Navidad a la vuelta de la esquina y yo en manga corta.
Un señor sentado frente a mí utilizaba una lupa para leer en el móvil. Así voy a acabar yo cualquier día.
Después de escribiros un rato di una vuelta por el aeropuerto. Aunque hubiera querido compra algo no habría podido porque la tarjeta está muerta cadáver. Me pregunto si Josefa la Grilla me la habrá cogido de la mochila mientras dormía para inutilizarla. Menos mal que llevaba diez euros encima que me sirvieron para comer en McDonalds a las cuatro y media.
La próxima vez que venga a este aeropuerto me voy a pegar la tarjeta de crédito de Iberia en la frente. No menos de cuatro veces me la ofrecieron durante el día las señoritas que están a la caza y captura de clientes.
A las cinco y media comenzó el embarque para Sevilla. Por supuesto, el pasaje se puso en cola como si fueran a quedarse sin sitio.
Una azafata de Iberia, recién llegada de un vuelo de Tokio, amenazaba a sus hijos por el móvil con no darles sus regalos si no tenían los deberes hechos cuando ella llegara a casa.
En el avión me encontré con que mi asiento estaba ocupado por una señora envuelta. Ni ella ni su acompañante hablaban ningún idioma conocido. Tuve que llamar a una azafata para que arreglara el asunto.
Fueron en silencio absoluto la primera parte del viaje. Luego cuchichearon y se rieron bajito. ¿Será que escriben un blog de viajes y se ríen de los pasajeros de al lado?
Los aviones de Iberia Express no llevan pantalla en el respaldo, pero ofrecen acceso desde el móvil o la tableta a una aplicación de entretenimiento. Lo de las películas me parece absurdo porque no da tiempo a verlas. Por algo se llama Express.
Al despegar nos saludó la comandante por megafonía. Guay eso de que haya comandantes en Iberia.
Aterrizamos a las siete en Sevilla. Mi maleta tardó tanto en salir que ya la daba por perdida.
Mis taxista favorito me estaba esperando como un clavo a la salida. Nos tomamos una Coca Cola para ponernos al día.
A mitad de camino nos encontramos con un atasco. Se había quemado un camión. Cuando pasamos a su altura el incendio estaba extinguido completamente.
Llegamos a casa a las nueve de la noche.
Lo primero que hice fue despegarme la ropa del cuerpo como quien se quita una tirita y meterme de cabeza en la ducha. Han pasado muchas horas desde que me levanté en el barco el domingo por la mañana.
Lo segundo que hice fue poner la ropa sucia en dos pilas para empezar a lavar mañana tan pronto resucite. Aunque no son las doce de la noche, la carroza ya se ha convertido en calabaza.
Lo tercero que hice fue colocar todo mi botín de chocolate encima de la cama para enseñároslo. No es ninguna tontería. Las tabletas blancas y marrones pesan medio kilo cada una, lo mismo que la caja marrón con el lazo.
Me ha encantado usar el roaming de Vodafone. Advierto que este blog no está patrocinado por Vodafone, es que me ha encantado. Estando en Estados Unidos es como si estuvieras en casa. Voz y datos gratis. Me ha encantado.
Y lo cuarto que voy a hacer es abrazar a mi almohada y echarme a llorar de la emoción.

Buenas noches desde mi casita.


Una cateta en alta mar (Día 12)

A pesar de haber dormido sólo tres horas y cuarto, a las seis estábamos despiertas tirándonos las almohadas. En el camarote había cinco almohadas, como si sobrara el espacio.
Ayer por la tarde encontramos sobre la cama un sobre para cada una con instrucciones para el desembarque. Siendo cuatro mil personas a bordo entre pasaje y tripulación, es increíble que no haya aglomeraciones ni sensación de multitud en ningún momento. La logística para sacarnos del barco ordenadamente implica que cada pasajero tenga unas etiquetas con un color y un número indicando a qué hora puede salir del barco dependiendo de estas referencias. 
En el sobre también nos pedían que dejáramos el equipaje en la puerta del camarote a medianoche para no tener que desembarcarlo personalmente. Ni María ni yo hicimos caso. Sumando la ropa de la cena, el pijama y el neceser, no era posible meterlo todo en el equipaje de mano. Además, al bajar del baile, según íbamos parando dejando gente en las distintas cubiertas, nos encontramos a un ejército de filipinos metiendo equipajes en carros como si se tratara de balas de pajas, cuidado cero.
Mi maleta pesó 21 kgs. Mi tío Jose me regaló por mi cumple un artefacto súper práctico para pesar equipajes. No me extraña el aumento de peso con respecto a la ida. Llevo casi dos kilos de chocolate que me trajeron de Suiza y de Turquía.
Desayunamos en el Lido con Laura. Probamos un croissant relleno de chocolate con avellanas que estaba espectacular. Y pensar que esta noche tirarán decenas de esos croissanes a la basura. ¡Qué lástima y qué hambre me está entrando en este momento.
A las ocho y media cerré la maleta, nos despedimos, me puse en la cola de las etiquetas azules y salí del barco con destino a la cola de inmigración. La actitud de los policías en la terminal de cruceros es totalmente distinta a la de los que trabajan en los aeropuertos, donde te miran con cara de elemento sospechoso. Eso de venir de Las Bahamas te da una pátina de glamour.
Tardé más de media hora en salir. Tal y como nos instruyó Nicki ayer, declaré el papel con las semillas. El policía me llevó a una sala donde un oficial de aduanas me estuvo haciendo preguntas sobre el origen y el destino del papelito. Me preguntó cuántas pasajeras llevábamos las semillas encima. Cuando le dije que unas 250, me contó que hasta el momento era la segunda persona que las había declarado. Me las devolvió y me dejó marchar. Toda la conversación, tanto con el de inmigración como con el de aduanas, fue en un tono amistoso.
Mientras yo pasaba por todo este proceso, Alex se tuvo que ir con Karin, Jeanne y Parker sin esperarme. No cabíamos en el tanque con tanto equipaje. Quedamos en que iría a su casa por mi cuenta. Intenté tener mi primera experiencia Uber, pero me fue imposible pedir el coche porque mi tarjeta de crédito ha dejado de funcionar. No es porque la haya quemado comprando, hay alguna otra misteriosa razón. Gracias a Yasmina de Suiza, que me lo pidió usando su cuenta, pude salir de allí.
El conductor me fue contando por el camino que tiene un primo millonario que tiene una pared de cristal separando el garaje de su casa para poder ver el Ferrari desde el sofá. Ahora que lo pienso, no sé a santo de qué me contó esa historia.
En casa de Alex me tomé una Pepsi de cereza. A pesar de ser Pepsi, estaba bastante rica.
Nos sentamos en el embarcadero a ver corretear a las iguanas por la casa de la difunda de enfrente. Digo corretear porque cuando se enfadan meten el turbo persiguiéndose unas a otras. 
Parker se marchó enseguida. Tenía por delante cinco horas de coche hasta Jacksonville. 
Alex nos propuso ir a dar una vuelta en un taxi boat por los alrededores. El marido, además de tener un gato y ser escocés, es un santo. Nos llevó en tanque hasta el embarcadero. Allí tuve el placer de ver de cerca a una iguana de verdad. Ni se inmutó cuando me acerqué a sacarme una foto con ella. También casi tuve el placer de que me cayera un cagallón de iguana en el hombro. Estaba subida a una palmera justo encima de mí cuando soltó la bomba. Me pasó a un milímetro de la tragedia. De verdad, hubiera sido una tragedia.  Era una plasta verde potente y consistente.
Durante el paseo en barco nos fueron enseñando las casas de los millonarios con gusto y con gusto cero. Yates de todos los tamaños navegaban o estaban atracados delante de las mansiones.
Nos bajamos cerca de la playa para ir a Hooters.
Vas a vivir tu primera experiencia Hooters, me dijo Alex. Hooters significa tetas. Hooters es una cadena de restaurantes llena de pantallas de televisión donde emiten deportes. Las camareras llevan camisetas blancas ajustadas y unos pantalones rojos que cubren lo justo. Alex pidió 40 alitas de pollo que nos tuvimos que llevar para comer en su casa por falta de tiempo.
Karin, Jeanne y yo nos fuimos en un Uber al aeropuerto de Fort Lauderdale. Tras despedirnos y dejarlas allí, la conductora me acercó a la estación de Tri-Rail, un tren que circula desde Palm Beach hasta el aeropuerto de Miami.Intenté sacar el billete con la tarjeta de crédito en una máquina expendedora. Por supuesto, no funcionó. Encontré un billete sin picar que un alma caritativa dejó colocado para que una afortunada como yo lo aprovechara.El tren pasó a las tres de la tarde, dejándome en destino cuarenta minutos después.
Pude facturar la maleta a pesar de las horas que faltaban para el embarque.
Cuando esperaba en la cola para el control de pasaportes, apareció una miembro de WISTA Holanda. Iba con el abrigo puesto aunque hacía temperatura para manga corta. Le pasa como a mí, que la maleta le encoge a la vuelta aún no habiendo comprado casi nada.
Me hicieron quitar los zapatos y pasar por un escáner corporal, pero no me detuvieron.
Perdí de vista a la holandesa en la cola.
Di una vuelta por las dos lamentables tiendas de la terminal. Alguien me asaltó por la espalda: Kathi Stanzel de INTERTANKO y Julie de WISTA UK. Las acompañé a su puerta de embarque, donde también estaba Rachel.
Volvieron a asaltarme por la espalda. Judy, de República Dominicana estaba con su socio y su marido esperando el vuelo para Santo Domingo.
Cuando dejé a las inglesas me senté con los dominicanos. Su vuelo se retrasó una hora.
Apareció Lena de Suecia al cabo de un rato con una alemana.
A las siete y media nos despedimos.
En mi puerta de embarque había un grupo de peregrinos camino de Roma. Hicieron un círculo y se pusieron a rezar en voz alta.
Más de una hora antes de embarcar estaba la mayoría de pasajeros de pie haciendo cola delante del mostrador. Una jovencita alemana sentada junto a mí me preguntó: "Perdona, ¿por qué hacen cola?" A lo que contesté: "Typical Spanish".
A las diez y veinticinco de la noche despegamos de Miami, diez minutos antes de la hora.
Buenas noches desde el cielo






13 nov. 2016

Una cateta en alta mar (Día 11)

Aunque desperté a las seis, aguanté en la cama hasta las siete en previsión del largo día que me esperaba.
A las siete y media fui a The World Stage, el teatro del barco, para asistir a la conferencia de hoy. Tuve que atravesar el casino, donde un individuo estaba muy concentrado jugando con una máquina tragaperras.
Nicki desayunaba una Coca Cola para darse un chute de energía. Estamos todas hechas polvo.
Las sesiones comenzaron a las ocho de la mañana, con la presencia del presidente de la naviera Holland America y dos vice-presidentes. También tuvimos con nosotros al capitán, jefe de máquinas y hotel director. Al capitán me lo encontré el jueves pidiendo un helado junto a la piscina. Estuvimos charlando un momento. Nos conocimos cuando el barco nos visitó en España el pasado septiembre.
Ayer la máquina del barco estuvo en marcha todo el tiempo que estuvimos en la isla para que mantuviera su posición exacta en paralelo, perfecta para sacar miles de fotos. Es uno de los miles de detalles que tienen a bordo.
Dejan animales muertos en la habitación, pasan varias veces a recoger las papeleras y poner orden en el cuarto de baño, ponen chocolatinas sobre la almohada, colocan unas alfombras de goma sobre la cama el primer día y el último para que pongas la maleta encima, los camareros están continuamente pendientes de tus necesidades en los restaurantes, y nunca les falta una sonrisa en la cara.
Tenemos con nosotras una delegación de Egipto. Son tres hombres y una mujer. Uno de ellos siempre lleva sombrero. Son provisionistas de buques. Parece ser que ella es la jefa. Ni habla inglés ni se relaciona con nadie. Nadie tiene muy claro a qué han venido.
Ayer me descubrí tres picaduras en el brazo. Espero que no sea Zika. Dos de nuestras miembros americanas no han venido porque han sabido recientemente que están embarazadas. Sus médicos les recomendaron quedarse en casa para evitar el riesgo.
Tuvimos el primer descanso a las diez. Salí a cubierta a tomar un poco el aire. Estábamos navegando en mitad de ninguna parte. Hacía un día estupendo. Mi madre me escribió diciendo que ya están encendiendo la calefacción por las noches en casa. No me hago a la idea.
Hoy el barco no toca ningún puerto. ¿Habremos desaparecido en el Triángulo de las Bermudas? Internet sí que tengo. ¿Os estaré escribiendo desde el más allá?
A la hora de comer fuimos unas cuantas a comer pizza. Nos sentamos junto a la piscina.
El barco navegaba a mínima velocidad. No hay tanta distancia desde Las Bahamas hasta Fort Lauderdale como para ir a velocidad normal desde que salimos de la isla ayer por la tarde.
Los demás pasajeros nos miraban con cara de lastima. Ellos en bañador tomando el sol y nosotras elegantemente vestidas para la conferencia. Muchos nos preguntan en los ascensores qué es WISTA.
A las dos menos cuarto reanudamos las sesiones. Este año las sesiones han sido bastante entretenidas y muy dinámicas. No se me hizo el día nada largo. A pesar de haber dormido poco no me entró sueño en ningún momento.

Al dar por concluida la conferencia, las holandesas nos regalaron un papel con unas semillas de tulipán. Al volver a entrar en Estados Unidos hay que declararlas en el documento que se presenta en la aduana. Nos han aconsejado que las llevemos en el bolso de mano y no intentemos esconderlas.
A las ocho subimos a cenar al comedor. Recibimos instrucciones de traer ropa de color blanco para esta noche. Si el resto de pasajeros ya alucinaba con nosotras, hoy fue el remate.
La presidenta de WISTA Hong Kong apareció en bata porque no tenía ropa blanca. Triunfo absoluto.
El vicepresidente de la  naviera pidió prestada una chaqueta blanca en el barco. Lo único que le encontraron fue una de camarero, y con ella apareció por el comedor.
Incluso Ektoras fue a cenar vestido de blanco.
Cuando terminamos de cenar nos sacamos miles de fotos. Luego subimos a la cubierta 12, donde teníamos una zona reservada para bailar. El presidente de la naviera Holland America se unió a nosotras. Creo que no lo ha pasado tan bien en su vida como esta noche. Lo que se rió ese hombre.
A la una y media Laura, María y yo nos marchamos. Ahora son las dos y cuarto y aún estamos levantadas.
Se me olvidaba. Hoy el bicho muerto era un pavo real.


Buenas noches desde el Triángulo de las Bermudas.




12 nov. 2016

Una cateta en Las Islas Bahamas. (Día 10)

Ayer por la noche, durante los treinta segundos que tardé en entrar en coma, noté cómo el barco se balanceaba. Cuando desperté esta mañana a las seis, aún estábamos navegando pero con un tiempo estupendo.
Fondeamos sobre las ocho en Half Moon Cay, una isla privada perteneciente a las navieras Carnival y Holland America.
María y yo desayunamos en la cubierta 9, donde están los stands de comida. El camarero que atiende el tenderete de bollería, tartas y galletas ya me conoce por mi nombre.
Subimos a la cubierta 10 a mirar el paisaje. No había visto en mi vida una cosa igual. El color del agua y de la arena son completamente distintos a los de España. Aún siendo las ocho y media de la mañana el sol pegaba fuerte.
Me embadurné de crema protectora para no acabar hospitalizada al final del día.
Las alfombras de los ascensores llevan escrito el nombre del día de la semana. Alguien me dijo que es una gran idea porque a bordo se pierde completamente el contacto con la realidad.
Deberían poner un cartel encima del retrete avisando a la gente que tirar de la cisterna estando sentando es altamente peligroso. El sistema de succión es tan potente que se lleva por delante hasta el aire del cuarto de baño.
Para ir a tierra hay un servicio de lanchas yendo y viniendo continuamente. La isla está deshabitada. Sólo hay unos cuantos chiringuitos, varias cabañas que puedes alquilar para pasar el día junto al mar y un tenderete enorme donde sirven una barbacoa a mediodía para que no tengas que volver al barco a comer.
Dimos un paseo por la playa y los alrededores y sacamos trescientas mil fotos cada una.
A las dos comí una hamburguesa a la brasa con queso. Me senté con Yasmina, presidenta de WISTA Suiza y su marido. Volví al barco con Despina, su madre y Ektoras.
Me duché y me volví a poner el uniforme de conferenciante. A las dos y media tenía concertada una visita al departamento de tratamiento de basura del barco. Tuvimos que rellenar un documento donde se nos preguntaba si habíamos tenido diarrea ayer.
Comenzamos la visita por la cocina, una de las dos cocinas del barco. El mobiliario es de acero inoxidable. Había comida por todas partes.
Después bajamos a la zona donde se separan y gestionan los residuos. Me encontré con el oficial holandés que me atendió cuando tuvimos el barco en puerto a finales de septiembre.
Es increíble la cantidad de comida que se tira todos los días y las cosas que tira la gente a la basura.
El oficial medioambiental nos contó ayer que han llegado a encontrar toallas en las aguas residuales de las cisternas.
Tras la visita subí a la piscina a sentarme con Laura mientras ella comía.
A las cuatro bajamos a la cubierta 1 para  asistir a un debate que duró dos horas. La moderadora nos invitó a las dos a ir a su camarote con algunas más para beber una copa de champán. Aquello acabó como el camarote de los hermanos Marx. Descubrimos que en el de al lado había más miembros de WISTA, de modo que abrimos la puerta que comunica los dos camarotes y montamos una tertulia.
A las ocho cené en el comedor principal. Estuve un rato con los dominicanos y luego me senté a comer con las griegas. En la mesa había una chica de Hong Kong que no se estaba enterando de nada. Entre que las griegas no paraban de hablar en griego y que las bromas tenían que ver con gente y situaciones que le eran totalmente desconocidas, la pobre estaba completamente alucinada.
Fui con Despina a su suite a recoger mis camisas planchadas para mañana.
En mi camarote me encontré con un gorila colgando de la lámpara.
Hoy he conocido a una práctico del puerto de Houston. Conocí a otra en Nueva York el año pasado. A esta le han hecho un trabajito en la cara como para meter al cirujano en la cárcel.

Buenas noches desde el Triángulo de las Bermudas.

11 nov. 2016

Una cateta en Florida (Día 9)

A las seis de la mañana me levanté, me arreglé y subí a la cubierta nueve a ver el paisaje. Al fondo se veía un crucero fondeado junto a una de las islas. Al pasar por el gimnasio vi que había bastante actividad. Laura estaba subida en una elíptica, Martina acababa de correr y Mary levantaba pesas. En una sesión de yoga había no menos de 20 personas.
El barco navega con cierto balance porque sopla algo de viento, pero no hace ningún tipo de ruido. Sólo en las maniobras se nota algo.
A las siete y media fui a desayunar a la puerta de The World Stage, el teatro del barco que hemos alquilado para las sesiones de WISTA. Hoy  se celebró la reunión anual donde se tratan temas internos de la asociación.
Comenzamos a las ocho en punto. Muchas se fueron incorporando más tarde. En la parte delantera se sientan un máximo de tres representantes de cada país, que son las que tienen voz y voto. Al tratarse de un teatro y no tener mesas, en lugar de poner las banderas o los nombres de los países, se les ocurrió a las americanas colocar unos cuadrantes en los respaldos de las butacas con el nombre de cada país bordado.
Como nos sentamos por orden alfabético, me tocó al lado una sueca que me contó que ayer les tiraron las maletas al agua al embarcar. Se las devolvieron por la noche con toda la ropa limpia, algún par de zapatos y otros objetos destrozados por el agua.
La reunión transcurrió sin problema, incluso terminamos un rato antes de lo previsto. Holanda presentó la conferencia del año que viene a celebrar en Rotterdam y se votó la sede de 2018, que será Tromso en Noruega. Vamos a pasar un frío de la muerte porque pretenden hacerlo a finales de octubre.
A la una atracamos en Nassau. A la una y media desembarcamos para ir a la presentación oficial de WISTA Bahamas.
Todos los niños que veis en las fotos vienen acompañados de sus respectivas abuelas que se hacen cargo de ellos mientras las madres están en la conferencia. Hoy sacamos a pasear a Ektoras y a Federica, la niña de Belén de Argentina. También vinieron Knut y Eric, los niños de Birgit. Esos abuelos son más listos porque sabemos que están a bordo pero no les vemos el pelo.
En Nassau no hay semáforos y los negros son tan negros que no se les ve la cara en las fotos. Los semáforos son sustituidos por unos policías muy elegantes que dirigen el tráfico.
Fuimos caminando hasta una carpa donde nos ofrecieron comida. Yo, la verdad, no me atreví a comer y bebí agua mineral directamente de una botella. Tuvimos que esperar un buen rato a que vinieran las autoridades, entre ellas una ministra. Otra ministra, ésta de la iglesia local, bendijo la celebración y hubo varios discursos. Me despisté un rato para ir a sentarme a descansar a una silla y luego a echar un vistazo por los alrededores con Catherine, presidenta de WISTA de Hong Kong.
El color del agua es azul verdoso. Hacía un calor importante.
Lo poco que pude ver de Nassau fueron las calles alrededor del puerto. Estaban llenas de turistas de los cuatro barcos atracados hoy visitando los muchos bares y tiendas de la zona.
Varios negros oscuros vendían caracolas que vaciaban ellos mismos junto a sus barcas. María compró dos. Aunque viaja en business, no sé dónde va a meter todo lo que lleva adquirido hasta ahora. Me tiene el camarote lleno de bolsas y paquetes.
Regresamos al barco sobre las tres. Me quedé muerta con el estilismo capilar del policía de la puerta de la terminal.
Comí en la piscina con Despina, Ektoras y su madre, que tampoco habían probado bocado en tierra.
A las cuatro y media comenzaron las charlas. Elegí una sobre el tratamiento de residuos a bordo del barco, a cargo del oficial medioambiental. Seguro que os preguntáis que para qué me sirve a mí saber cómo tratan la basura en un barco. Parte de mi trabajo es gestionar que los buques descarguen los residuos que llevan a bordo cuanto están en puerto.
A las seis menos cuarto terminó la charla. Fui rauda y veloz al camarote a darme una ducha y ponerme elegante para el cocktail y la cena. De camino le dejé a Despina un par de camisas para planchar. Está hospedada en una suite y tiene servicio de plancha incluido. En el barco no se pueden tener planchas de viaje en los camarotes.
Mientras estábamos en el cocktail el barco salió de puerto, a las siete en punto. Era completamente de noche.
A las ocho y media fuimos al comedor a cenar. Cada pasajero tiene una mesa asignada y una hora para la cena. Todos los participantes en la conferencia tenemos cena a las 20:15 horas. Mi mesa estaba vacía, de modo que me senté con los cuatro miembros de la delegación dominicana. Vinicio me recomendó que comiera una sopa fría de un fruto tropical cuyo nombre no recuerdo. Estaba exquisita. De postre tomé una mini tarta de frutos rojos con helado de vainilla.
Al levantarnos de la mesa, ellos se fueron al teatro del barco a ver un espectáculo. Yo me senté con las griegas, que estaban a media cena todavía.
A las diez di el día por finalizado.
Saliendo del restaurante parecía que había bebido más de la cuenta. El barco se mueve y vas dando tumbos por los pasillos. No he oído aún de nadie que se haya mareado.
Al entrar en el camarote me encontré con otro bicho muerto encima de la cama. Esta vez una raya.
María apareció al cabo de media hora.
Comentamos que este año hay poca fiesta por la noche. Seguramente es porque la mayoría de las europeas despertamos muy temprano y el cuerpo no da para tanto.
 
Buenas noches desde el Triángulo de las Bermudas.



10 nov. 2016

Una cateta en Florida (Día 8)


Desperté a las cuatro como todos los días. A las seis María me dio los buenos días con la noticia de que Donald Trump ganó las elecciones. Si los americanos tenían su 09/11, ahora tienen su 11/09.
Alex mandó un mensaje a las seis y media diciendo que probablemente metería en la maleta ropa adicional por si decidía quedarse a vivir en Las Bahamas.
A las siete apareció Alex con su sobrina, voluntaria de la conferencia, para recoger parte del material almacenado en la habitación.
A las siete y media bajé a la planta 8 con más material y mi equipaje. Lo almacenamos todo en la parte de atrás de la sala de reuniones. Desayuné bagels con mantequilla y fruta cortada. 

La reunión anual de WISTA USA comenzó a las ocho. La asistencia no era obligatoria, pero como me gustó tanto la del año pasado en Nueva York, quise estar presente.
A las doce terminamos y bajamos al hall del hotel a tomar los autobuses con destino a Port Everglades. Es el segundo puerto con más tráfico de cruceros del mundo, por detrás de Miami. Hay que ir hasta la sexta posición para encontrar un puerto español, Barcelona.
En lugar de ir en el autobús, fui en un tanque con Despina, su madre y su hijo Ektoras de dos años y medio. Pasamos el control de entrada al puerto y el check in sin mayor problema. Una vez a bordo del buque Koningsdam, subimos a comer algo a la cubierta 9, donde hay una zona enorme con stands de todo tipo de comida.
Conozco el barco porque lo tuvimos en puerto a finales de septiembre. Pasé un día entero a bordo y le hice una inspección completa. Se estrenó esta primavera. Es una maravilla.
A Ektoras no lo veía desde que era un bebé, cuando estuve en Chipre. Está guapísimo y es muy simpático. Habla griego e inglés.
Después de comer bajé a hacer el registro de la conferencia. Mi maleta, abandonada en manos del personal de tierra al llegar a la terminal, no acababa de aparecer por el camarote, así que fui con María a sentarnos junto a la piscina de popa. Aparecieron por allí Eleonora y Danae, dos griegas que están como cabras, con las que siempre me río un montón.
Estuvimos viendo la maniobra de salida del Zuiderdam, muy parecido a nuestro barco.
A mí esto de los cruceros nunca me ha llamado la atención, y los que tienen toboganes me dan especial grima. El Koningsdam es un barco elegante lleno de miembros de WISTA, de modo que, por esta vez, pase lo de hacer un crucero.
Los camareros filipinos se paseaban entre las mesas ofreciendo una bebidas color azul.
A las cuatro y media empezó el ejercicio por si nos hundimos. Digo yo que si nos hundimos la gente no va a pensar que tiene que ir al punto de reunión C o esperar en su camarote a que den instrucciones. Van a salir corriendo despavoridos como pollos sin cabeza (foto 7).
Nos reunieron a todos en distintos puntos para enseñarnos cómo funcionan los chalecos salvavidas.
María y yo teníamos pensado quedarnos en la habitación. Mi maleta acababa de llegar y estaba sacando la arrugadísima ropa del fondo. No pudo ser. Vino un filipino a sacarnos de la oreja para llevarnos al ejercicio.
Cuando por fin pudimos volver al camarote, terminé de colgar la ropa, me di una ducha y fuimos a la piscina a sentarnos un rato. Nos encontramos con Birgit Liodden y sus dos hijos. Al pequeño lo tuvimos de recién nacido con nosotras en Chipre. Al mayor en la barriga de su madre en 2012 en París.
Esta tarde tuvo lugar la reunión de presidentes de países WISTA. De España sólo hemos venido Laura y yo. Como nuestra presidenta no pudo venir, Laura fue a la reunión y yo a la cena de presidentes en el restaurante italiano del barco. Fue pantagruélica.
A las diez partió el buque. Desde los ventanales del restaurante vimos cómo nos separábamos del muelle y salíamos a mar abierto.
Tengo un kilo de chocolate en el camarote, medio de Suiza y medio de Turquía. Salimos a la piscina, donde por las noches hay cine en una pantalla gigante. Hoy pusieron Mamma Mia. Tremendo eso de que proyecten una película de Abba habiendo más de doscientas miembros de WISTA a bordo, porque Dancing Queen es nuestro himno. El resto de pasajeros ya saben quiénes somos.
A las once me retiré. Al levantarme noté cierto desequilibrio. Como no bebo supe enseguida que el barco se está balanceando.
Al entrar en el camarote me encontré con una langosta muerta encima de la cama. Ni rastro de María, que apareció al cabo de unos veinte minutos.


Buenas noches desde el Triángulo de las Bermudas.