30 jul. 2009

Cheese rolling


Que los ingleses son unos marcianos es conocido por todos. En el pasado, mientras unos se dedicaban a invadir y colonizar [¡Gibraltar español!] mundo, otros inventaban deportes desde casa. Muchos han tenido aceptación, como el fútbol, el rugby o el polo. Mención aparte merece el cricket, que aunque han intentado explicármelo diez o doce veces, aún no consigo entenderlo. Otras prácticas deportivas han quedado en casa, creo que más por vergüenza que por falta de popularidad. Tenemos el lanzamiento de troncos de árbol a distancia o el “Cheese rolling”. Este curioso deporte consiste en tirar un queso colina abajo y salir corriendo detrás para intentar atraparlo. Dudo que nadie lo haya conseguido nunca, porque el queso puede alcanzar velocidades de 112 Km/hora. En la carrera se producen roturas de todo tipo: brazos, piernas, crismas.
Ya que YouTube amablemente ofrece imágenes del evento, os dejo en sus manos.

29 jul. 2009

¡Hijos de puta!


28 jul. 2009

De perros y gatos


Siempre tuve terror a los gatos, sobre todo desde que una vecina acogió a uno y éste le devolvió el favor poniéndole los brazos como un cristo a base de arañazos. Como no hay mejor terapia que un choque frontal, cuando llegué a Inglaterra por primera vez me encontré viviendo en una casa con un perro y dos gatos. Lo del perro no fue problema. Rosie era un cachorro de color negro, de raza desconocida, con la lengua llena de lunares azules, fenómeno para el que aún no he hallado explicación. No sé si era una enfermedad mental, pero tal parecía. Rosie estaba como una cabra.
Los gatos eran macho y hembra. El macho se llamaba Max. De la hembra no consigo recordar el nombre. Solía verla en la tapia del jardín observándonos por la ventana. Sólo entraba a comer por las mañanas. El resto del día lo pasaba por ahí. Entre nosotros, era un poco ligera de cascos. Un día apareció por casa con el cuerpo lleno de heridas y le faltaba un trozo de oreja. Seguramente una esposa celosa.
Max era un gato de su casa. Los primeros días yo lo miraba con recelo, hasta que él tomó la iniciativa. Un día estaba en mi habitación, estudiando, cuando saltó de repente sobre la mesa, se colocó encima de los papeles y se me quedó mirando fijamente, a pocos centímetros de mi cara. Así nos quedamos un momento, hasta que le pregunté: “¿Qué quieres exactamente?”. Pero como los gatos ingleses no hablan español (ellos dicen “miow” y no “miau”) continuó mirándome sin responder. En un arranque de valor acerqué la mano lentamente y comencé a acariciarlo en el cuello. Tremendo error. Nunca más fui capaz de deshacerme del animal. Comenzó a ronronear y a pedir más. Por las noches tenía que cerrar la puerta porque aparecía de madrugada a charlar conmigo. Y cuando Rosie, la cabra loca, lo perseguía por las escaleras, venía a refugiarse en mi habitación.
Los gatos ingleses son de concurso. Tienen el doble de tamaño que los nuestros. Max y la ligera de cascos eran de color blanco y negro.
Hace tiempo que murieron los tres.

26 jul. 2009

Desolación

Hoy he tenido que trabajar. Soy una víctima de la globalización (qué bien queda esta frase aunque esté totalmente fuera de contexto).
A las tres menos cuarto de la tarde he vuelto a casa andando desde la oficina. Por el camino me he entretenido observando la fauna que puebla la ciudad un domingo de verano, a 37ºC de temperatura. No hay españoles, señoras y señores, no hay ni uno. Bueno, estaba yo. Me he cruzado con un señor negro como un zapato, otro de color marrón oscuro; abuela, madre y dos hijos gitanos rumanos, dos peruanas diminutas vestidas con esos trajes tan simpáticos con blusa de volantes y faldas de colorines, un chino de restaurante con una bolsa de reparto de comida. Y en la Plaza de las Monjas dos turistas haciéndose fotos en la fuente. ¿Qué tendrá esa fuente, que no es la primera vez que encuentro gente allí con las cámaras, como si aquello fuera la Fontana de Trevi?
Por lo demás, desolación total. Todos los españolitos vuelta y vuelta al sol, en la playa. ¿Así cómo vamos a levantar el país?

21 jul. 2009

Cerrado por guardia

Volveré en breve....................... espero.

19 jul. 2009

Botellón de puretillas



Laura lleva una semana con un subidón de euforia. Desde el martes sabe que ya es licenciada en Ingeniería de Caminos. Lo que no le cuenta a nadie es que, desde que finalizaron las vacaciones de Navidad, sufre pequeños ataques de ansiedad y tiene un nudo en el estómago del cual no logra deshacerse. A sus 23 años tiene miedo de hacerse mayor. La entrada en la madurez, en la edad adulta, es inevitable.
Laura está pasando unos días de descanso en casa de unos familiares en la costa. A las nueve la llamaron dos amigas para salir. “No, voy a ir a un botellón de puretillas con mi tío”. La curiosidad puede con ella.
A las once y media de la noche caminan por la playa hacia el lugar donde los han citado. Una vez allí, Laura presencia con sorpresa lo inesperado. Siete cuarentones tienen dispuesta sobre la arena una manta de cuadros, de esas con flecos. Sobre ella todo tipo de bebidas alcohólicas, varias cajas de galletas, frutos secos, una nevera con hielo, un paquete de azúcar de caña, otro con palos de canela. Iluminando la escena, una lámpara de camping.
Dos de los presentes se hayan inclinados sobre un paquete de papel de aluminio. Están preparando sendos canutos. Todos los participantes ríen sin interrupción.
Junto a la manta, una cafetera Nespresso con caja y todo. Laura no se atreve a preguntar el motivo de su presencia. “¿Para qué rayos quieren una cafetera en la playa, si no hay enchufes?”
Dos jovencitas del botellón contiguo se acercan a pedir tabaco. “¿Cuántos años tenéis?”, pregunta uno de los cuarentones. “Diecisiete……… cada una”, contestan ellas, deseando salir corriendo para contar a sus amigos cómo es el botellón de al lado. Risas.
Los cuarentones han olvidado traer un mechero. Ninguno de ellos fuma habitualmente. Excursión al botellón contiguo. Risas con los jovencitos, intercambio de cigarrillos contra mechero. Más risas.
A las tres y media se da por finalizado el botellón. Varios de los cuarentones son responsables padres de familia que tendrán que levantarse pronto para atender a sus retoños.
Laura se acuesta con una sonrisa en los labios y, por primera vez en muchos meses, su estómago está relajado. Lo de ser adulto también puede ser divertido.

17 jul. 2009

Modern nature

15 jul. 2009

"Bolinhas"



Mario cruza a la isla de Tavira en el primer barco de la mañana y pasea su mercancía en una cesta de mimbre como la de Caperucita, al grito de: “Boliiiiiiiiiiiiiiiiinhaaaaaaaaaaaaaaaas”.
Nunca he comido las “bolinhas” de Mario. Son donuts en pelota de tenis, sin agujero, hechas de masa y cubiertas de azúcar gorda. No es el manjar más adecuado para un día de playa, pero él insiste con su gracia y simpatía. Algo venderá cuando vuelve todos los días.
Entre él y yo se ha establecido una especie de pelea de gallos sin contacto. Según lo veo venir por el camino del embarcadero, mientras desayuno, grito a todo pulmón: “Boliiiiiiiiiiiiiiiiinhaaaaaaaaaaaaaaaas”. Y él me responde con el mismo grito.
Me parto. Acabo de buscar en internet y resulta que en YouTube hay un video suyo. No hay nada más que contar después de verlo. Mario ya es un personaje mediático.


13 jul. 2009

Luna de miel

Servando y Ana María residen en Vallecas. Ana María es de Madrid de toda la vida. Servando emigró junto a sus padres a mediados de los 70 desde su pueblo, Motilla del Palancar (Cuenca).
Servando y Ana María contrajeron matrimonio el pasado fin de semana. El lunes tomaron el autobús Madrid/Huelva y a continuación el autobús Huelva/Punta Umbría. En este momento se encuentran hospedados en un enorme complejo hotelero de cuatro estrellas.
Servando es un hombre de mundo. Todos los años viajaba con sus padres a Motilla del Palancar para pasar las Navidades y las vacaciones de verano. Ana María apenas conoce los alrededores de Madrid. En la agencia de viajes les ofrecieron una estancia de quince días en la Riviera Maya, pero quedó descartada debido al pánico a volar que sufre Servando. La opción crucero por el mediterráneo fue rechazada por Ana María. Los peligros del mar son muchos.
Al llegar al hotel les fueron entregadas sendas pulseras de plástico azul que les acreditan como huéspedes “Todo incluido”.
Servando acaba de estrenar unos pantalones pirata que dejan a la vista sus muy velludos tobillos, a juego con un par de sandalias de cuero compradas en el rastro madrileño. La camiseta es de tirantes. Hombros igualmente velludos.
Ana María es la discreción personificada, aunque para su luna de miel ha decidido lanzarse al vacío. Hoy viste biquini rosa chicle con pareo amarillo, chanclas rosa chicle con una margarita de tela como adorno y una diadema amarilla.
Se instalan en las hamacas que el hotel tiene dispuestas alrededor de la piscina. A las 13:15 hrs comienzan a desfilar huéspedes camino del buffet restaurante. Servando, que tiene buen diente, decide realizar una primera incursión. Los ojos de Servando salen inmediatamente disparados de sus órbitas. El comedor es una estancia de tamaño superlativo. En el centro hay dispuesta una mesa alargada conteniendo los más deliciosos manjares jamás vistos por Servando. Perritos calientes, hamburguesas con queso, pizzas, macarrones con tomate. Servando no espera a su esposa y comienza a comer sin tino. Al cabo de media hora vuelve a la piscina, donde Ana María continúa tomando el sol ajena a todo lo anterior. A las 14:30 hrs Ana María sugiere ir a comer. Servando acompaña a su esposa al buffet restaurante y vuelve a comer como si fuera la primera vez. En esta ocasión, finaliza con dos yogures de pera y una mousse de chocolate.
Vuelven a instalarse en las hamacas, sobre las que dejaron sus toallas antes de ir a comer para no perder el sitio.
A las 17:15 hrs Servando ve pasar a un adolescente sosteniendo un plato con dos perritos calientes y patatas fritas. “Voy a merendar, Anita. Quedé con hambre”. Y Servando vuelve a entrar en el buffet restaurante, donde están dispuestos los mismos alimentos, a excepción de los macarrones con tomate, sustituidos por bocadillos de Nocilla.
Retorna Servando a la hamaca portando un plato con: 1. Hamburguesa con queso, tomate y mayonesa. 2. Patatas fritas. 3. Un perrito caliente. 4. Un bocadillo de Nocilla. 5. Dos yogures de pera. En la otra mano, botella de medio litro de Coca Cola. Ana María mira de reojo a Servando y piensa para sí misma: “Tenía que haberme casado con Ricardo, ya me lo dijo mi madre.”

11 jul. 2009

Millenium

Apenas me quedan 10 páginas para finalizar la lectura de “Millenium 1: Los hombres que no amaban a las mujeres”, el best seller de Stieg Larsson. Llevo desde la mitad del libro preguntándome qué es lo que ha hecho de éste semejante fenómeno editorial, habiendo logrado que hasta los intelectualoides lo lean y reconozcan haberlo leído. No deja de ser una novela negra entretenida, como otras muchas. ¿Es porque el autor ha muerto? ¿Es porque han creado una campaña de marketing sensacional? Ambas cosas tendrán que ver, supongo.
Y lo que nadie comenta es qué tipo de mente retorcida ha sido capaz de imaginar esta trama. Porque el argumento se las trae. Hay que estar un poco zumbado.
Voy a ver si me entero de quiénes son los del marketing para que me promocionen el blog y me hagan millonaria. Pero de morirme, nada, ¿eh?
Empezaré en breve a leer Millenium 2, a ver si le encuentro el intríngulis.

Para los aficionados, aconsejo las novelas de Kay Scarpetta escritas por Patricia Cornwell. Es preciso leerlas en orden. Ahí sí que hay vísceras.

9 jul. 2009

Obituarios



Vamos a poner un poco de orden en la lista de muertos, que ya me están liando.

David Carradine. Kung Fu
228 pasajeros. Aeropuerto 77
Farrah Fawcett Majors. Los Angeles de Charlie
Michael Jackson. Thriller
Karl Malden. Las calles de San Francisco
Dalilah Mimouni. El ataque de la gripe porcina
Pina Bausch. El lago de los cisnes
Baltasar Porcel. Exercicis més o menys espirituals
Cristina. La tortuga de mi vecina

7 jul. 2009

Deportes extremos

Fermín (a quien felicitaríamos hoy por su santo si estuviera vivo) conducía un camión hormigonera de 8 a 5 de lunes a viernes, con una hora de descanso para comer. En realidad, Fermín descansaba bastante más que la hora para comer. Cada vez que se detenía en una obra para entregar la mercancía que no paraba de girar dentro de su camión hormigonera, Fermín contaba con alrededor de una hora de descanso. La media de paradas por día venía a ser de cuatro a cinco horas. “Nada mal”, pensaba Fermín para sus adentros. Los primeros meses, Fermín aprovechaba las paradas para silbar a las chavalas que pasaban por delante de la obra, compartir los bocadillos de chorizo de los peones o dormir cortas siestas tirado sobre los asientos del camión. Estas actividades acabaron por aburrirle mortalmente y se convirtieron en un peligro para su salud, pues Fermín engordó dieciséis kilos sin apenas darse cuenta.
Tras varios días de deliberaciones consigo mismo, siempre en horas de trabajo, llegó a la conclusión de que necesitaba ocupar su tiempo en una actividad saludable y productiva. “Si estudio una carrera sentado en el camión, voy a tener que pensar mucho y seguiré engordando”, con lo cual la cuestión intelectual quedó descartada. Así que Fermín tomó una decisión que cambió su vida. Entró en internet y buscó “DEPORTES EXTREMOS”. Le llamó la atención uno llamado “Salto Bungee”. En Wikipedia encontró lo siguiente: “Consiste en hacer un salto al vacío desde una considerable altura, desde puente, plataforma o grúa, generalmente con una conexión desde los tobillos a una cuerda elástica, que permite, primero, caer acelerando, luego amortigua la caída y provoca rebotes.” Había encontrado la solución.
Lo que Fermín no fue capaz de encontrar por ninguna parte fue la cuerda elástica, así que fabricó una en casa con materiales desconocidos. Su primer y último salto tuvo lugar el pasado miércoles. Fermín subió a lo más alto de la grúa que opera en la construcción de un rascacielos. Ató la cuerda, se ajustó un casco de ciclista, respiró hondo y se lanzó al vacío. Fermín consiguió, por fin, divertirse mortalmente. ¡Plof!

5 jul. 2009

Tavira 2009 (Segunda parte)


A Tavira vamos siempre los mismos, un grupo de entre siete y diez personas. Luego se añaden personajes varios, amigos de esas siete o diez personas. Podemos llegar a ser unos veinte en algunos momentos. Los hay que pasan el fin de semana entero, otros pasan sólo un día, y otros salen huyendo a la primera oportunidad sin que nunca más se sepa de ellos.
Siempre rememoramos la asistencia de:
- aquella pareja que nos hizo cantar canciones de campamento sentados junto a las tiendas, y que nadie me quita de la cabeza que eran misioneros.
- la feminista sin complejos que no llevaba ropa interior bajo el vestido. “No sabéis cómo se oxigena el cerebro”, nos dijo. “Cada vez que tengo una reunión importante me las quito”. No, no pienso probarlo.
- El crío de tres años que al oír la frase “Tengo una pereza terrible” contestó “Yo quiero verla”.
Todos los años amenazo con comprarme una escopeta de cañones recortados para acabar con las malditas tórtolas que cantan sobre nuestras tiendas tan pronto amanece. Es un ruido repetitivo, cansino, asesinable. Una ametralladora sería otra opción.
Hay un hotel estupendo justo al otro lado del río, Vila Galé Albacora. Pero nosotros insistimos en dormir en tiendas de campaña. Los hay que han llegado al culmen de la sofisticación. Colchones inflables, sábanas, lámparas, cafetera. Yo, con mi naturaleza asceta, sigo durmiendo sobre el suelo metida en el saco de dormir que mi hermano compró en el año 75 en la tienda del Frente de Juventudes.

3 jul. 2009

Tavira 2009 (Primera parte)


Es tradición pasar el último fin de semana de Junio en la isla de Tavira, Portugal. A la isla se accede en un pequeño barquito que siempre tememos que se hunda durante la travesía de cinco minutos. En la isla hay un camping y una docena de chiringuitos donde nos ponemos ciegos de comer arroz de marisco y otros suculentos alimentos. Personalmente, mi dieta se reduce al arroz desde que llego hasta que me voy. Para el desayuno tengo que prescindir de él porque no encuentro chiringuito que me lo prepare. A cambio, devoro “tostas mixtas” (tostadas de jamón, queso y mantequilla).
La rutina es siempre la misma. Nos vemos a las 16:30 hrs del viernes en una cafetería de Huelva, salimos sobre las 17:30 hrs. Llegamos a la isla sobre las 19:00 hrs. Montamos las tiendas, nos vamos al chiringuito a tomar algo, cenamos como bestias, nos vamos al chiringuito a tomar algo, nos acostamos en las tiendas, dormimos poco y mal, nos levantamos sobre las 08:00 hrs, esperamos con un agujero en el estómago hasta que abren el chiringuito a las 10:00 hrs, devoramos las “tostas mixtas”, nos ponemos el bañador, vamos a la playa, vuelta y vuelta al sol hasta las 14:00 hrs, nos vamos al chiringuito a tomar algo, nos vamos a otro chiringuito a comer arroz de marisco, nos vamos a la playa hasta las 21:00 hrs, nos duchamos, nos vamos al chiringuito a tomar algo, nos vamos a otro chiringuito a comer arroz, nos vamos al chiringuito a tomar algo, nos acostamos en las tiendas, dormimos poco y mal, nos levantamos sobre las 08:00 hrs……
Entre tomar algo y tomar algo nos partimos de la risa. Y a la vuelta nos damos cuenta de que hemos aparcado durante dos días y medio todos los problemas, los malos rollos, el estrés, la rutina.
En la isla no hay coches. ¿Quién puede presumir de haber pasado dos días seguidos sin ver u oír un coche?
La tradición data de 1994. (Coño, no hemos celebrado el 15 aniversario)
Este año hemos descubierto con horror que SOMOS LOS MAS VIEJOS DEL CAMPING. Nos vemos rodeados de adolescentes celebrando el inicio de las vacaciones escolares con botellones sin fin. Nosotros hemos alcanzado ya el estatus social que nos permite tomar algo en el chiringuito.

2 jul. 2009

El misterio de la taquilla 214






La taquilla 214 permanece cerrada desde el día 09 de Abril.
Misterio.