17 jun. 2009

Mirinda

Cuando retiraron la Mirinda del mercado sufrí un trauma de infancia del que sólo pude recuperarme en los años 90, aunque secuelas han quedado, lo sé.
Mis recuerdos de los años 70 están todos en blanco y negro, excepto por dos detalles: el naranja radiactivo de las botellas de Mirinda y la cartera de charol azul que mi hermano llevaba al cole, cartera de asa y hebilla.
Mi pasión por la Mirinda se debía principalmente a la prohibición de consumirla. Me quitaba el apetito, y por aquel entonces tenía yo poco apetito. En la imagen adjunta se observa, yo observo con horror, las consecuencias de la abstinencia.
Durante los años 90 venían por aquí unos barcos rumanos de aspecto lamentable que transportaban cemento desde Constanza. La descarga se llevaba a cabo con un aspirador gigante, por lo pulverulento de la mercancía. Los filtros se tupían y aquello se eternizaba. Visitaba a diario aquellos barcos, todos iguales, todos con aquel inconfundible olor a antiguo, aquella capa de polvo en suspensión, aquella escora que te hacía sentir torcido, aquella absoluta ausencia de comodidades. Un día el capitán de uno de ellos, recuerdo que se llamaba Popa, me ofreció un refresco. Y abrió aquella nevera tan antigua como el barco. De allí salió una botella de litro de Mirinda, naranja de verdad. No existe testimonio gráfico del momento, pero fue similar al que ilustra esta entrada.

6 comentarios:

Ricardo Arias dijo...

Impagable esa foto. La pequeña Withfloor dando ya acusadas muestras de su talante.
Genial.

jesus dijo...

De la mirinda no guardo ningún recuerdo. Yo me acuerdo mucho, ya en los ochenta, de la panadería que había cerca de la Plaza del punto, en la calle que va hacia la plaza niña, donde mi madre me compraba los tigretones.

Withfloor dijo...

Yo era más de Pantera Rosa.

Reyes TAH dijo...

Tiene su gracia, yo recuerdo la Mirinda perfectamente. Como somos siete hermanos nos daban agua del grifo (la de Madrid es muy rica, por cierto). Pero cuando en verano ibámos a casa de los abuelos... aquello era otra cosa: Pepsis y Mirindas por doquier que nosotros mangábamos a hurtadillas, qué inocentes.... Mi abuelo se daba cuenta de todo porque la despesensa se llenaba un día tras otro. ¡¡¡¡VIVA LA MIRINDA!!!
Luego me fui haciendo mayor y por complejos de adolescente empecé a beber Coca Cola, (que al principio no me gustaba nada de nada). Ahora me he pasado a la cerveza y creo que ya no me cambio.
Besos y enhorabuena por tu blog.

Anónimo dijo...

Y los Godovi, ¿no los recordáis?
Rocío

Ricardo Arias dijo...

Por cierto, hoy en día ya no hay Mirinda en Rumanía. Y mira que hay marcas y marcas, y sabores y sabores, de refrescos por allá.