5 feb. 2010

Una cateta en Dubh Linn (Dublín, día 2)


A las 07:15 hrs me levanté y bajé a desayunar. Calmé mi sed de toda la noche con tres vasos de zumo de manzana y uno de naranja. Del zumo de naranja no se puede abusar por motivos que no vienen al caso.

Olvidé contaros que en la habitación hay también un enorme armario de seis puertas. No sé para qué tan grande. Aquí lo que sigue faltando es el mueble bar, por si acaso me doy a la bebida.

A las 08:45 hrs vino a recogernos una abogada miembro de WISTA Irlanda. Nos presta sus oficinas para celebrar allí nuestras reuniones. Caminamos durante unos cinco minutos y llegamos a un enorme edificio de cristal (enorme por lo ancho, no por lo alto) que resultó pertenecer a su bufete, Matheson Ormsby Prentice. Cuenta con 650 empleados solamente en Dublín. Fue como entrar en esas oficinas que salen en las películas, así que allí estaba esta cateta con la boca abierta mirando para todos lados. Subimos en un ascensor a la planta más alta, un sexto piso. Al abrirse las puertas, allí estaba una más que sonriente recepcionista que nos recogió los abrigos y nos explicó dónde estaban los servicios. Importante explicación, porque en esos sitios tan modernos lo mismo te metes por una puerta pensando que vas al baño y acabas en un armario. Aún no sé si la recepcionista pasa el día de pie delante de los ascensores con la sonrisa puesta o es que alguien le dijo que estábamos subiendo.

La sala de reuniones es una estancia muy amplia haciendo esquina, sin paredes, todo cristales y mirando al río. Una vista preciosa. Hizo sol todo el día, lo cual me preocupa porque eso significa que mañana nos las van a dar todas juntas. Tenemos un ordenador portátil y una pantalla a nuestra disposición para hacer presentaciones. Hay una barra con café, infusiones, zumos y fruta. De vez en cuando entra un camarero y repone lo que falte. También traen unas galletitas caseras que lo flipas. Hay un objeto con una pantalla táctil encima de la barra. Pulsas botones y bajan o suben dos tipos distintos de persianas. Hay otros botones que no he tenido la ocasión de pulsar y no creo que pulse, por si acaso salimos despedidas de allí o se produce alguna explosión.

Estuvimos trabajando toda la mañana. A las 13:00 hrs vino la abogada a recogernos con otras dos miembros de WISTA Irlanda y nos invitaron a comer en la sala adjunta, gemela de la nuestra. Comimos estupendamente. Había sopa, quiche, ensalada, pollo, arroz, roast beef, y una tarta de frutas como postre.

A las 14:00 hrs volvimos a nuestra sala y continuamos trabajando hasta las 16:00 hrs. Vinieron otra vez a buscarnos y nos dijeron que tenían una sorpresa para nosotras. La sorpresa resultó ser una auténtica marcianada. A la entrada del bufete había aparcado un camión americano con un letrero en el costado dándonos la bienvenida. Nos sacamos multitud de fotos. El dueño del camión tiene una empresa de transporte que opera dentro del puerto. Lo del camión americano lo tiene como entretenimiento y les pareció simpático. Lo mejor de todo es que nos paseó por medio Dublín metidas en la cabina. Cabe mucha gente allí dentro. Tiene un sofá enorme en la parte trasera, con unas luces rojas, que aquello parece un prostíbulo. Yo me senté de copiloto. La gente por la calle nos sacaba fotos. Esto en España no lo hago ni muerta. Me muero de la vergüenza.
Nos dejó en la Autoridad Portuaria y allí subimos a un minibús para dar un paseo por el puerto. Una señora muy amable nos fue explicando todo con detalle. Operan principalmente contenedores. Había por allí varios camiones cisterna llenos de cerveza Guiness. El dueño del camión americano me preguntó por el camino si ya la había probado. Quedó horrorizado al saber que no pruebo el alcohol. Me dijo que la Guiness es muy sana, que se dice que te sale pelo en el pecho.
Al terminar el paseo nos llevaron en el minibús a una vinoteca, un local en un sótano abovedado en lo que eran antiguamente almacenes de té y especias del puerto. Allí bebieron vino y yo agua con limón. Nos sirvieron unos aperitivos. Asistieron unas veinte mujeres del sector. Entre ellas, dos empleadas de las destilerías Jameson, del departamento de transportes. A las nueve en punto cogimos las de Villadiego porque estábamos hechas polvo.

Volvimos caminando al hotel, a unos cinco minutos de distancia, al otro lado del río. Tuvimos que atravesar un puente que se parecía sospechosamente a los de Calatrava. Hacía frío y algo de viento, pero vamos bien preparadas.

Ahora tengo el radiador a toda pastilla porque algún animal dejó la puerta de la terraza medio abierta y no hacía precisamente calor cuando entré en la habitación. Ya se está a gusto.

Mi padre ha mandado un mensaje contestado a lo del coche. Dice que no me lo va a prestar porque lo quiero conducir como si fuera un F1.

Mañana más.

1 comentario:

Marta Vázquez dijo...

Qué envidia, subidas al camión...
En serio que no vas a probar la Guiness? Ni siquiera un corto de Guiness? Me encantaría ver la cara del camarero si se lo pidieras. Lo mismo lo matas de la impresión.
Sigue contando qué tal el viajecito.