6 oct. 2012

Una cateta en París (Día 7)


06:58 hrs. Dos cadáveres griegos y uno español.

09:00 hrs. Dos cadáveres griegos y un zombie español.

10:00 hrs. Llegué al centro de conferencias media hora tarde. Aún no habían comenzado, aunque estaba programado para las nueve y media. La sala estaba medio vacía. Recibí una reprimenda de parte de la presidenta de WISTA Francia. Ninguna de las miembros del comité ejecutivo había aparecido hasta entonces. Yo era la primera.

Celebrar la cena de gala el jueves es un tremendo error que se paga el viernes por la mañana.

Una de las conferenciantes fue la directora de pesca de Marruecos. Nos enseñó un video de cómo recogen las mujeres algas en la costa. Se meten en el agua completamente vestidas, con unas faldas largas y aletas. Meten las algas en las faldas y salen chorreando agua. A decir verdad, no sé a qué venía enseñarnos aquello. Su ponencia fue en francés, así que tuvieron que repartir de nuevo cascos para la traducción simultánea.

Para comer sirvieron un buffet consistente en sushi, quesos, mini pizzas y unas cazuelitas de madera con lasagna o mini potajes. De postre unos pastelitos diminutos mar de ricos. Los camareros eran tan eficientes que cada vez que se me ocurría dejar un vaso o un platito con comida encima de una de las altas mesitas, de repente desaparecía.

A las dos y media se reanudaron las sesiones. A las cuatro se dio por finalizada la conferencia. Sirvieron un café de despedida, durante el cual dijimos adiós a todo el mundo.

Volvimos al hotel y nos pusimos ropa cómoda para ir a Montmartre a dar una vuelta. Fuimos hasta allí en metro tres griegas, dos polacas y yo. Volví a hacer el mismo recorrido que el domingo subiendo por las empinadas cuestas empedradas, pero mucho más despacio porque se iban parando en cada esquina, en cada tienda, sacando fotos de absolutamente todo, hasta de los escaparates de las pastelerías.

Aparcado al costado del Sacré Cœur estaba el coche de la foto, como si acabara de salir del concesionario.

Entramos a visitar la basílica. En ese momento terminaba la misa de la tarde, con música de órgano incluida.

Bajamos caminando hasta la rue de las Abbesses para cenar en un restaurante que le habían recomendado a una de las griegas. Pasamos por una bombonería donde tenían una gigantesca Torre Eiffel de chocolate.

Comimos bien y en abundancia por un precio adecuado.

Fuimos hasta el Moulin Rouge para sacarnos una foto en la puerta. El domingo no me di cuenta de la clase de negocios que hay por el Boulevard de Clichy. Hoy, ya de noche, los luminosos de los sex shop, el museo del erotismo y el edificio de ocho plantas que contiene un Sexódromo de 3000 m2, me dieron un golpe en la frente.

Tras la foto de rigor salimos de allí pitando con destino a la terraza donde ya nos conocen los camareros por nuestros nombres. El trayecto en metro fue amenizado por una señora china cantando en chino y gesticulando con los brazos.

Nos esperaban Nuvara, Suzan y otras turcas. Nuvara y Suzan se saltaron hoy la conferencia para ir al Mont Saint Michel en un viaje de cinco horas de ida y otras tantas de vuelta. A mí que me lo pongan por la tele.

Una griega también pasó de ir hoy. Ayer, cuando se despidió, me dijo que hoy “tenía” que ir a Eurodisney.

Otras desaparecidas se etiquetaron inocentemente en Facebook descubriendo sus destinos, estando de compras en Louis Vuitton o en una terraza de los Campos Elíseos.

Pasamos una hora aproximadamente en la terraza. Nos despedimos de todas excepto Nuvara, que vino a visitarnos al hotel un rato.

Ahora son casi las cuatro de la mañana. Mis dos griegas han entrado en coma hace apenas unos minutos. Confesaron haberse levantado a la una de la tarde. Por eso no las vi en toda la mañana.

Cambio y corto.

Buenas noches desde París…………. ¿o tendría que decir ya buenos días?

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