7 oct. 2012

Una cateta en París (Día 8)


08:45 hrs. Despierto sobresaltada por culpa de Frank Sinatra. El iPhone de Eleftheria tiene los días contados.

09:15 hrs. Por un extraño motivo, Anna-María quiere ir a desayunar a las nueve y media, hoy que no tenemos prisa, hoy que no nos espera nadie, hoy que necesito dormir. Me empuja fuera de la cama y no me queda más remedio que bajar a desayunar con ella.

Eleftheria y su iPhone permanecen en silencio.

En el comedor coindidimos con una grecoamericana de WISTA Grecia y su novio. Estuvimos con ellos más de una hora charlando. El me preguntó por nuestra situación económica y me enseñó la portada del International Herald Tribune que estaba leyendo. Allí estaba el nombre de España en vergonzosas letras grandes.

Cuando subimos a la habitación, Eleftheria ya estaba levantada. Anna-María y yo estuvimos terminando de hacer el equipaje. Eleftheria volvió a meterse en la cama.

Anna-María se cambiaba de hotel para pasar cinco días con su novio, que llegaba hoy a mediodía. Eleftheria se quedaba hasta mañana y yo volaba a las 20:45 hrs con destino a Sevilla.

Salimos a la calle alrededor de la una. Nos sentamos en un delicatesen libanés en la esquina del hotel. Comenzó a llover con alegría.

Volvimos al hotel sobre las dos. Nos despedimos de Anna-María y de dos polacas que se marchaban en ese momento.

Fui con Eleftheria a dar un paseo bajo la lluvia, cada vez más intensa.

Subimos por la Avenida Marceau hasta el Arco del Triunfo. Nos sacamos fotos  jugándonos la vida entre el intenso tráfico de Los Campos Elíseos. Es la única manera de que salga el arco completo.

Accedimos al monumento por el paso subterráneo. Mientras ella sacaba fotos, yo me guarecía de bajo.

Bajamos por Los Campos Elíseos hasta Marks & Spencer para que Eleftheria hiciera unas compras. Como llovía con bastante intensidad volvimos al hotel.

Las putas palomas no estaban hoy posadas en los árboles cagándose en los turistas, ni los turistas estaban sentados en los bancos cogiendo una mojadura mortal.

Hacia las cuatro y media nos despedimos y me fui en dirección a la estación de metro de George V. Al pasar por Louis Vuitton me encontré con una cola de gente mojándose esperando para entrar. ¡Qué nivel!

Desde George V fui hasta Denfert-Rochereau. Desde allí tomé el Orlybus hacia el aeropuerto. Llegué bastante más temprano de lo que esperaba. Tuve que sentarme hasta que abrieron el mostrador de facturación. Pasé a la zona de pasajeros y me llevé una desagradable sorpresa. El aeropuerto tiene menos detalles que un Panda. Una miserable tienda de prensa y un mini Duty Free.

Compré un par de libros, me senté a leer una revista en el iPad y me empezó a entrar un sueño tremendo. Tuve que ponerme de pie y empezar a dar paseos por la terminal para evitar el desastre. También me mantuvieron despierta los alaridos de los cientos, miles de niños que había por todas partes procedentes de Eurodisney. Los había con diademas de Minnie Mouse en la cabeza, todos jugando con los muñecos que sus papás les habían comprado en el parque. Mi favorita fue una niña vestida de princesa Disney paseándose como si lo fuera de verdad.

Embarcamos con veinte minutos de retraso. Al poco de despegar los cientos, miles de niños que llevábamos en el avión entraron en coma profundo por el cansancio y la excitación. Yo también me dediqué a mirar para dentro. Un par de veces me descubrí con la boca abierta.

El piloto nos trajo a la velocidad del sonido, con bastantes turbulencias mientras sobrevolábamos Francia. Llegamos quince minutos antes de la hora originalmente programada para el aterrizaje.

Me esperaba mi taxista favorito.

A la una ya estaba en casa, desde donde os escribo y os deseo buenas noches.

 


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