4 oct. 2013

Una cateta en Canadá (Día 12)


06:30 hrs. Esto no tiene remedio. ¿Cuándo voy a volver a dormir ocho horas seguidas?
Bajé a hacer el registro de la conferencia a las siete y media y a desayunar con las presidentas de las WISTAs nacionales. Faltan nueve en esta ocasión. Es que esto está en la quinta puñeta. De Australia no ha venido nadie. Sin embargo, tenemos aquí a una neozelandesa que tiene previsto fundar WISTA Nueva Zelanda pronto y está como una cabra.
La reunión de presidentes empezó a las nueve en punto y terminó a las doce menos cuarto. Fue bastante positiva e interesante.
En el descanso, camino del baño, pasé por una sala donde celebraban una reunión de liderazgo. Tenían unas enormes bolsas de piezas de Lego para hacer construcciones. No lo entiendo.
A las doce comimos, ya con todas las miembros, en un salón del hotel. Sirvieron comida típica de Montreal: poutin, bagels con salmón, jamón braseado en lonchas finísimas, un pastel de carne, puré de patatas y maíz que estaba exquisito y otras cosas que no probé porque mi estómago tiene las dimensiones que tiene. De postre, tarta de sirope de arce.
A las dos comenzó la asamblea general de WISTA. No os voy a contar detalles porque es un rollo para quien no pertenezca a la asociación.
Tuve que salir a hablar porque me presentaba a la reelección de mi puesto de secretaria y tenía que hacer una presentación. Hablar en público me provoca terror, como si me fueran a pegar un tiro desde la audiencia.
Algunos países votan como si se tratara del Festival de Eurovisión, así que no tenía muy claro cómo iban a salir las cosas, aunque ayer recibí muchos apoyos. Mi contrincante es una señora danesa que vale mucho, es más alta y más rubia, así que hubo dura competencia. Finalmente, salí reelegida para los próximos dos años.
Despedimos a Irene, de Singapur, que deja su puesto en el comité ejecutivo. Le regalamos la maqueta de la foto como recuerdo y agradecimiento. Espero que cuando me llegue el día me regalen una igual, porque es chula que te cagas. Las hace la empresa de mi amiga Wanda, presidente de WISTA Polonia.
Terminamos a las cinco. Estuvimos las tres españolas y Belén de Argentina charlando un rato. Da gusto poder hablar un poco en español. Os juro que ayer, cuando me encontré con Mercedes para desayunar, no me salían bien las palabras, después de diez días sin hablar con nadie en cristiano.
Subí a la habitación a soltar el ordenador y los papeles y me asomé a la ventana un rato para hacer tiempo hasta las seis y media.

Bajé con dos holandesas que están en el mismo pasillo que yo. Este hotel es enorme. Tiene ocho ascensores e incluso una entrada especial para los clientes vip.
Nos llevaron en autobús al museo arqueológico Pointe-à-Callière, en el viejo Montreal. Justo antes de salir llegó Marisol, la cuarta española.
Las alemanas aparecieron vestidas con trajes regionales. Mercedes dice que el año que viene nos tenemos que presentar en Chipre de peineta.
Andrea, presidente de WISTA Canadá, nos dio un pequeño discurso de bienvenida. Sirvieron un cóctel con canapés.
Entre los asistentes estaba la ministra de transportes de Canadá, una señora simpatiquísima que iba acompañada por un asistente jovencísimo calvo como una bola de billar. El que entregaba las tarjetas de visita de la ministra era él, y también él nos sacó la foto. Es evidente que la ministra es la señora rubia de en medio y las demás somos las españolas.
Hicimos una visita a la exposición del museo. Había objetos tan antiquísimos como muros de mil ochocientos y pico y vasijas de cristal. Es que este país muy viejo no es.
A las nueve y cuarto nos devolvió el autobús al hotel. Nos sentamos un rato en el hall a charlar. A las diez dimos por finalizado el día, que ha sido muy largo y muy fructífero.
Buenas noches desde Montreal.

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