5 oct. 2013

Una cateta en Canadá (Día 14)

07:30 hrs. Vale, eran las siete y media, pero es que me acosté a las dos.
La mañana empezó mal.
Con los ojos pegados y sin gafas fui a desconectar la cámara de fotos que había dejado cargando durante la noche. Parte del enchufe adaptador se quedó en la pared, dejando las tripas al aire. Con los ojos pegados y sin gafas fui a buscar alguna herramienta en mi neceser. Encontré mi navaja de viaje y un corta cutículas. Con ambas cosas intenté sacar el trozo de enchufe de la pared. Me pegó un corrientazo que me tiró de espaldas, pero lo conseguí.
Observé que mis nudillos estaban manchados de tinta azul. Parece que dormí con los nudillos pegados al cuello y parte del tatuaje se había transferido de cuello a nudillos. Tuve que frotar bien con el estropajo/esponja para borrar los restos tanto en el cuello como en la mano.
Cuando salí de la ducha se me cayó el cepillo de dientes al váter. Lo miré durante unos instantes decidiendo si recuperarlo o no: “Va a ser que no. Yo ahí no meto la mano.” Menos mal que llevo uno de repuesto que me dieron en el hotel de Toronto.
La sesión de la mañana empezaba a las ocho y media. A la hora que era no me daba tiempo de ir a desayunar al comedor, así que me comí una galleta gigante de avena que tenía en la habitación y bajé aprisa y corriendo para que no me pusieran falta. Esto de celebrar la cena de gala el jueves es un error como una catedral. Esta mañana faltaba la mitad de la gente y las que estábamos no estábamos.
Una de las ponentes de ayer trabaja para la empresa que está reflotando el Costa Concordia. Nos contó con pelos y señales todo el proceso, tanto el porqué se está haciendo así y el cómo.
Hoy la jornada de la mañana trató sobre las dificultades del transporte marítimo en la zona del ártico. Alucinante. Los barcos llegan a sitios donde no hay ningún tipo de infraestructura. Tienen que llevar a bordo todo el equipo necesario para trasladar las mercancías desde el barco a tierra, tanto si son sólidas como si son líquidos. A esto hay que añadir lo que dijo una de las conferenciantes: “Hay un montón de hielo y nunca sabes dónde está.”
A las once menos cuarto tuvimos un descanso. El camarero que nos atendió se llamaba Nelson y era venezolano. Fue como hablar con el hermano mayor de Boris Izaguirre. Era una reinona a la que le encantó ir a Ibiza este verano de vacaciones.
Después del descanso habló Katarina Stanzel, directora de INTERTANKO. Se entregó el premio a la Personalidad del Año WISTA y terminamos con Despina recogiendo el testigo para organizar la conferencia del año que viene en Chipre.
Hacia las doce y cuarto se clausuró la conferencia. Hora de despedidas hasta la próxima.
A la una salimos del hotel hacia las distintas excursiones. Yo elegí “Los colores del otoño”. Nos dieron una bolsa a cada una conteniendo la comida. En mi grupo íbamos las cuatro españolas, la directora de INTERTANKO y Belén la argentina.
Nos llevaron a la zona de las montañas Laurentians. Paramos en un hotel junto a la estación de esquí de Mont Gabriel para sacarnos fotos . No, aún no hay nieve, pero la habrá pronto. Hacía fresquete y estaba un poco nublado. Yo llevé el paraguas para que no lloviera.
El aire que se respiraba era fresco fresquísimo. Por todas partes había arces de distintos colores.
La segunda parada no estaba programada. Pasamos por un outlet en casas de madera. Nos preguntó la guía si nos apetecía parar media hora para echar un vistazo. Unánimemente se decidió que era absolutamente necesario parar allí. Triunfé. Si me dejan allí tres horas quemo la Visa.
La tercera y última parada fue en el pueblo de Saint Saveur, compuesto por casitas de madera donde había muchas tiendas de artesanía, una de caramelos con aspecto de antigua y una iglesia con el altar más kitsch que he visto últimamente. Pintado de azul, contaba con una galería por detrás con unos abetos de plástico.
Después de dar un paseo por allí subimos al autobús y pusimos rumbo de vuelta a Montreal.
Tardamos menos de lo esperado por la falta de tráfico.
Adelantamos a unos cazadores que traían una cabeza del alce en el remolque. No hace falta explicar que fue la sensación de la tarde.
Jeanne me contó el pasado fin de semana que todos los años mueren bastantes personas por esta zona al atropellar a estos animales. El bicho es tan grande que acaba metido dentro del coche, con cuernos y todo.
A las seis aterrizamos en el hotel. Subimos a la habitación de Marisol a ver las vistas desde su ventana y charlar un rato. Luego nos dispersamos y quedamos a las siete y cuarto para ir a cenar.
Se nos unieron miembros de India, Grecia, Italia y, por supuesto, nuestra argentina favorita.
Al salir del hotel, Sanjam la india se puso unos guantes de lana. Nos entró la risa. Ella se defendió diciendo: “Soy de Bombay”.
Encontramos un restaurante italiano cerca del hotel donde me hospedé la primera vez que estuve en Montreal.
Belén y una de las griegas se fueron a disfrutar de la noche por la zona de bares. El resto volvimos paseando al hotel. Por el camino encontramos a un músico callejero metido en un bote de madera con una caña de pescar. El muy desgraciado había pescado a Nemo y tenía al pobre pez con la boca abierta pidiendo limosna.
En el hall nos despedimos hasta mañana sin fuerzas para nada más.
Buenas noches desde Montreal.

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