9 abr. 2014

Una cateta en Dubai (Día 4)

Hoy volvimos a la rutina de despertar en los hoteles sin persianas a las seis de la mañana. Di media vuelta y conseguí aguantar hasta las siete menos cuarto. Tras darme una ducha bajé a desayunar. Nos tuvieron que meter en el restaurante tailandés porque no les cabía todo el mundo en la zona de desayunos. Coincidimos todas las miembros del comité ejecutivo de WISTA excepto Jasamin, que vive aquí y desayunaría en su casa, supongo.
Antes de salir del hotel, entré en el baño. Hoy no vamos a comentar el tema de la ducha junto al retrete, sino el cartel que indica los baños de señoras y caballeros, muy islámico él.
Con veinte minutos de retraso apareció Jasamin a recogernos en un Mercedes GL450, que es como un autobús. Fuimos las siete estupendamente. Si hubiéramos tenido un accidente en ese momento, WISTA se hubiera quedado descabezada de un golpe. Tendríamos que haber sido un poco más prudentes y haber tomado dos transportes separados, como hace el rey con el príncipe heredero.
La mayoría de los coches en Dubai son de color blanco. Deduzco que es por el calor. La verdad es que se me hizo raro ver un Bentley blanco.
La oficina de Jasamin, que es abogada, está en la misma avenida de nuestro hotel, a unos diez minutos en coche, en un edificio feo con ganas.
Dicen que la avenida llega hasta Abu Dhabi.
Al pasar por al lado del Burj Khalifa me acordé de lo que le pasó ayer a Jeanne cuando estábamos allí arriba. Había una chica envuelta en negro sacándole una foto a su marido, dando la espalda a Jeanne. Jeanne se acercó y le preguntó si quería que les sacara una foto juntos. La chica se giró hacia ella mostrando el pañuelo que le cubría la cara, sólo dejando a la vista las pestañas. Jeanne sonrió con cara de tierra trágame y volvió junto a nosotras a contarnos la metedura de pata.
Pasamos todo el día en la oficina de Jasamin encerradas en la sala de reuniones. Incluso nos trajeron la comida a la mesa para no perder tiempo. Yo concentré mis mandíbulas en el kebab, que me encanta. Sabe muy parecido al turco.  
La zona de la avenida donde se encuentra la oficina está aún en desarrollo. Hay bastantes solares sin construir y otros en varios estados de construcción. Me fijé en una obra adyacente donde había indios por todas partes vestidos con monos azules. No me extraña que hayan tardado sólo doce años en construir esta maravilla. A base de indios te da tiempo de sobra.
A las seis de la tarde nos sacamos la foto de rigor y volvimos al hotel en el autobús blanco de Jasamin pero esta vez con su chofer al volante porque ella tenía cosas que hacer antes de salir del trabajo.
Sólo tuve tiempo de dejar los trastos y sentarme cinco minutos con los ojos cerrados para intentar recuperarme del agotamiento
Bajé al hall a escuchar a la tailandesa dando el concierto de xilófono mientras las demás bajaban. Nos estaba esperando el chófer de Jasamin para llevarnos en el autobús blanco al club de yates de la Marina de Dubai. Tardamos exactamente una hora en recorrer una distancia de no más de cinco kilómetros. El tráfico era imposible. Por culpa de varias obras nos hicieron dar la vuelta por donde habíamos venido y casi volver a empezar a paso de carreta. Pasamos por delante del Burj Al Arab, el hotel en forma de vela, y por  Palm Jumeirah, la isla artificial en forma de palmera. La isla no la vimos porque ya era de noche y desde el coche no se distingue.
No fuimos las únicas en llegar tarde a la cena que en nuestro honor celebraba WISTA UAE con asistencia de la comunidad marítima local. Empezamos con un discurso de Jasamin, otro de Karin y otro de un patrocinador de la cena. Aquí la gente decente cena a las seis, y ya eran las nueve cuando nos sirvieron la ensalada de langosta. El señor que se sentó a mi lado se tomó dos rebanadas de pan con mantequilla y de repente se evaporó dejando abandonadas sobre la mesa mi tarjeta de visita y la del señor que se sentaba a su derecha. No me di cuenta de que se marchaba sin cenar ni despedirse. El muy cretino utilizó mi plato para el pan. En otras circunstancias le hubiera indicado que su plato era el de la izquierda, pero como iba vestido con sábana preferí ser prudente y coger el plato de mi derecha. Cuando se sentó un indio calvo mega perfumado a mi derecha, puse cara de póker cuando empezó a buscar su plato.
Un señor musulmán vestido con traje y corbata sentado a mi mesa se dedicó primero a intentar ligar con Jeanne y después conmigo. Yo me levanté tan pronto como pude con la excusa de ir a ver la marina, de la que todo el mundo hace exactamente el mismo comentario: “Aquí hace nada sólo había arena”.
A las diez y media había desaparecido toda la comunidad marítima local quedando solamente en el restaurante las miembros del Exco, algunas locales y seis miembros de Rusia, Italia e India, que han venido para la reunión que tenemos mañana con ellas.
Katerina se fue con otras dos griegas a vivir la noche loca. En el autobús blanco nos metimos ocho personas, incluido el chófer de Jasamin. El marido de Jasamin la llamó esta tarde reclamando su coche. No sé para qué quiere un autobús tan grande para él sólo, aunque ahora que lo pienso, éste tiene hijos de varias mujeres. Alguna vez los llevará a todos juntos.
Acompañé a Jeanne y a Karin a fumarse sus pitillos de buenas noches en la parte de atrás del hotel. Hacía una temperatura ideal.
Nos despedimos en el hall, porque ellas tienen que tomar un ascensor diferente. Como el edificio está formado por dos torres diferentes que se juntan arriba, no puedes usar cualquier ascensor para subir a tu habitación.
Buenas noches desde Dubai.

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