21 ene. 2011

Una cateta en la Pérfida Albión (Londres, día 2)

Desperté a las cinco, desperté a las seis menos cuarto, desperté a las siete y me levanté harta de despertarme. A las ocho y cuarto me reuní en el hall del hotel con Kathy, miembro norteamericana del comité ejecutivo de WISTA. Decidimos ir caminando hasta el lugar donde hoy y mañana se celebran las reuniones. Hacía un día estupendo, con un frío refrescante, tan refrescante que al cruzar el puente de Westminster los muslos empezaron a picarme. Creo que son los primeros síntomas que se sienten cuando vas a morir congelado.
Las casas del Parlamento y el Big Ben estaban iluminados por el sol, produciendo reflejos en todos los cristales de las ventanas y en los dorados de la torre del reloj. Precioso. Tardamos media hora en llegar a Piccadilly, subiendo por Whitehall, Pall Mall y Regent Street. Preferimos no atravesar por St. James Park por miedo a perdernos en cualquiera de los senderos. El edificio de estilo victoriano donde nos reunimos se llama Egyptian House. Nos han prestado la sede de la Arab Academy for Science and Technology. Todo el suelo está enmoquetado y las paredes cubiertas de madera, incluso las del ascensor. Antes de entrar dimos cuenta de un buen desayuno en Patisserie Valerie, a pocos metros de allí. Yo me cepillé dos huevos escalfados con tres tostadas y una taza de chocolate. Después de la caminata estaba dispuesta a comerme una vaca. En algún lugar por el camino perdí mis orejas por congelación. Volvieron a crecerme rápidamente tras la taza de chocolate.
A las nueve y media comenzó la reunión. De las siete miembros del comité ejecutivo sólo hemos podido venir cinco: yo (el burro delante), una americana, una de Singapur, una de WISTA Dinamarca que vive en Suecia pero nació en Persia, y nuestra presidenta que es griega. Nos dio la bienvenida la presidenta de WISTA UK, María Dixon. Estuvimos reunidas toda la mañana, hasta la una y media.

Por la ventana que tenía de frente veía aquel cielo azul que pocas veces se puede disfrutar aquí en pleno invierno. Me entraron ganas de salir corriendo a tirarme en un parque. Pronto recapacité pensando en el frío siberiano, así que continué sentada con cara de póker, como si todo lo que se estaba hablando fuera lo más importante del mundo mundial.
La secretaria de WISTA UK se unió a nosotras para comer. Estuvimos en un restaurante muy agradable llamado Fish Works. Y comimos pescado, claro. Me dio pena pedir lo que pediría en España, así que me lancé al Fish and Chips (pescado rebozado con patatas fritas). Acerté de lleno. El bacalao estaba delicioso y muy fresco. La ración era tan enorme que no pude comer nada más.
Volvimos a la Egyptian House. Pasamos la tarde reunidas. Después de haber comido tanto fue un poco soporífero.
El plato de galletas que pasó el día en el centro de la mesa llevaba obsesionándome desde primera hora. Concretamente una galleta con forma de lápida de cementerio inglés.
¿A quién se le puede ocurrir diseñar una galleta así? Al marcharnos a las cinco allí seguía la galleta. Mañana, si le echo valor suficiente, me la como.
Adjunto imagen tomada hoy durante la reunión.
Tres de nosotras volvimos andando a buen paso. Ya era noche cerrada y hacía un frío terrorífico. Igual que ayer, muchísima gente por la calle volviendo a casa después de la jornada laboral. Bajamos por St. James Street, llena de tiendas para pijos sibaritas. Tiendas de sombreros, de puros, de vinos, de zapatos hechos a mano.
Llegamos al hotel en media hora y nos citamos para cenar a las ocho.
Subí a la habitación, os escribí un rato y me asomé a la ventana….. no, no hay ventana. Me asomé a la pared de cristal, me asomé al cristal, me asomé…… lo que sea. En la acera de enfrente, a la derecha, hay un edificio de oficinas hecho de cristal, con las vigas de acero. Es como estar viendo 13 Rue del Percebe pero sin la alcantarilla en la puerta ni la tienda de ultramarinos del bajo. Todas las luces están encendidas y se ve perfectamente el interior. Siendo viernes y las siete menos cuarto, ya no quedaba un alma dentro. Ayer sí que había gente trabajando. No entiendo por qué dejan las luces encendidas.
Encendí la tele. Estaban poniendo “Coronation Street”, esa serie que lleva en pantalla desde 1960 y que puedes dejar de ver todo un año y no perder el hilo de la trama.
A las ocho nos reunimos cuatro y fuimos a cenar a un italiano a dos pasos del hotel. Siberia es el trópico comparado con esto. Comimos bastante bien y estuvimos charlando hasta las diez y cuarto. Mi Coca Cola venía servida en un vaso de Coca Cola que no tengo en mi colección. No me atreví a mangarlo. Aquí no se andan con tonterías.
La miembro de WISTA Dinamarca que vive en Suecia pero nació en Persia nos estuvo contando que vive junto a un bosque. En pleno invierno, cuando hay mucha nieve, los ciervos no tienen qué comer, así que ella y su marido les dejan alimentos en la ventana de la cocina. Todas las madrugadas vienen varios animales a cenar. Les encantan los plátanos.
Volvimos a toda prisa al hotel. Me voy a acostar ya porque estoy muerta cadáver y mañana hay que madrugar.

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