25 ene. 2011

Una cateta en la Pérfida Albión (Londres, día 6)

No me queda más remedio que comenzar hoy comentando lo molesta que estoy con la negativa actitud de algunos de mis lectores. De acuerdo que Beefeater es una marca de ginebra y no de whisky, pero es la primera vez que oigo la palabra “abstemia” empleada como insulto.
Por otro lado, se me ha pedido una prueba de viaje, es decir, demostrar que no estoy encerrada en mi casa escribiendo esto desde mi imaginación y poniendo fotos de corta y pega sacadas de internet. Ahí va. Siento no haber encontrado un periódico del día para sostenerlo mientras me sacaban la foto. Espero que sea suficiente y no se vuelva a dudar de la veracidad de mis relatos.
Hoy desperté a las ocho. Bajé a desayunar enseguida y a las diez menos cuarto me puse en camino hacia el British Museum, que abre a las diez. Tomé el metro hasta Tottenham Court Road y tuve que caminar unos cinco minutos hasta la puesta del museo. Hace 20 años de mi última visita. El contenido sigue siendo el mismo, pero el continente ha variado ligeramente. En el año 2000 se inauguró el nuevo hall principal, una sala circular muy bien iluminada por una cúpula de cristal.
Casi todas las civilizaciones están representadas en el Museo Británico gracias a los chorizos de los exploradores ingleses. Tienen allí hasta uno de los muñecos de la Isla de Pascua.
El caso más sangrante es el de Lord Elgin, que vino de Grecia cargando con media Acrópolis hacia el año 1800, cuando era embajador en Constantinopla. Entonces Grecia pertenecía al imperio otomano.
Estuve viendo a la Cariátide que, junto a sus cinco hermanas, soportaba el peso del Erecteion. Cinco hermanas que se encuentran en el Nuevo Museo de la Acrópolis de Atenas con un hueco entre ellas esperando la vuelta de ésta. Frisos, metopas, esculturas, piezas arquitectónicas y objetos varios forman la colección griega. Hay incluso un monumento funerario entero, grande como una casa.
En una sala dedicada a Asia, un hombre con cara de birmano cabreado observaba con atención la estatua de un Buda sentado traído de la antigua Birmania. Se supone que esos chismes son sagrados. La estatua era grande como para moverla en un camión. ¿Cómo se hace para sacar un artefacto de ese tamaño de un país sin provocar una revuelta popular? Es como si nos invaden a nosotros e intentan llevarse al Cristo del Gran Poder o a la Macarena desde Sevilla a un museo en el extranjero. Se forma la de Dios.
La zona del museo que más me gusta es la de las momias egipcias. No soy la única. Aquella sala era la más concurrida, llena de escolares, japoneses y demás turistas. ¡Qué morbosos somos!
Mi momia favorita no es de un faraón o un miembro de la nobleza. Es de un muerto al que metieron en un hoyo en medio del desierto, sin caja ni nada. El tío está acurrucado boca abajo, que parece que está durmiendo tan feliz en su urna de cristal. Está muy bien conservada porque la arena absorbió la humedad del cuerpo. Por eso no se lo comieron los bichos.
Una vez visitado el museo a paso de tambor, tomé el metro con destino a St. Paul. Ver el museo con detenimiento puede llevar dos o tres años, calculo. No dejé de preguntarme por el camino de qué rayos se reía en esqueleto de la foto.
En St. Paul se empezó a poner el tiempo feo, muy feo. No iba a visitar la catedral, sino atravesar el puente del Milenio hacia la Tate Modern. Esto ya lo conté el año pasado pero lo voy a repetir otra vez para que se os quede bien. El puente es peatonal y lo diseñó Norman Foster. Al poco de inaugurarlo tuvieron que cerrarlo al público porque se movía mucho. Y sigue moviéndose, lo certifico. Al llegar al otro lado del río entré en la Tate Modern, una antigua central eléctrica reconvertida en museo de arte moderno. Llegué con los mocos cayendo del frío que pasé cruzando el río.
En la sala de turbinas la mitad del espacio estaba dedicado a un no sé cómo llamarlo, cuyo creador es un chino muy feo con muy poca vergüenza que se llama Ai Weiwei. En una extensión de 1000 m2 hay tiradas por el suelo cien millones de pipas de girasol hechas de pocelana, pintadas una a una a mano por unos chinos. Y a eso lo llaman arte.
En las plantas superiores del museo hay cosas que me voy a abstener de contar y que no quise fotografiar por pudor. Una sala se llama “Surrealismo y más allá”. El título está perfectamente escogido. Una manta cochambrosa tirada por el suelo, dos palomas grises muertas clavadas con sendas flechas a la pared, unos objetos que me temo representaban excrementos y una estructura de hierro indescriptible fueron lo que más llamó mi atención.
Salí de allí ahíta de tanto arte, dispuesta a atravesar el puente valientemente, a pesar de la fina lluvia, el viento y el frío. Y mi paraguas en el hotel.
Llegué sana y salva a la estación de metro y fui hacia Westminster, a vigilar el desarrollo de los preparativos de la boda del príncipe Guillermo y Kate Middleton en la Abadía. Al llegar a la puerta me encontré con la sorpresa de que ahora cobran 16 libras por la entrada. O mi memoria falla o las otras dos veces que la visité era gratis. Como no iba a pagar 16 libras por ver la misma película una tercera vez, di media vuelta y busqué un sitio para comer algo. Ya veré la Abadía por dentro cuando pongan la boda por la tele y por las fotos del Hola.
Otra vez al metro en dirección a Leicester Square para ir a la librería Foyles en Charing Cross Road. Aparte de los libros, el encanto de esta librería está en su cafetería. Tiene un escenario pequeñito para actuaciones en directo. El personal se sienta en unas mesas de gruesa madera oscura que se comparten, aunque no conozcas a los que se sientan a tu lado. Tienen wifi gratis, así que está lleno de gente con sus portátiles. Me tocó compartir mesa con un personaje de unos 30 años, rubio, con el pelo engominado y bigotín años 20 que no paraba de teclear en su MacBook. Parecía sacado de una novela de E.M. Forster.
Después de un rato allí descansando las piernas y ya oscurecido, me fui a dar una última vuelta por Harrods y luego a Marble Arch. Llevo varios días viendo a gente subir al metro en la parada de Marble Arch con bolsas de una tienda llamada Primark. Las bolsas son de papel y la gente las lleva llenas hasta las trancas. Deducción: en las cercanías de Marble Arch hay una tienda de ropa barata, muy barata. El nombre me resultaba familiar, pero no recordaba de qué. Nada más subir a la superficie me encontré de bruces con la tienda. Es la última que hay en Oxford Street y que ayer me quedó por ver porque está justo a continuación de un terreno donde se construyen dos edificios enormes. Visto desde el otro lado, parece que ya no hay nada de interés después de la obra. Por eso no continué hasta el final de la calle.
Entré y encontré el paraíso de las clases trabajadoras. Camisas a 2 libras, calcetines a 1 libra, camisetas a 3 libras, jerseys a 8 libras. La calidad, evidentemente, deja mucho que desear, pero los diseños no están del todo mal. Es un alivio ver que esta gente no tiene por qué ir desnuda. No, no compré nada.
He observado estos días que los ingleses han mejorado mucho su forma de vestir. Hace años tenían un gusto depravado para la ropa. Ahora visten mucho mejor. Lo que no me acaba de gustar son los zapatos de hombre que se ponen con los trajes los jóvenes trabajadores. Son de cordones, de corte clásico pero con la puntera puntiaguda. Hoy vi a uno que andaba como una japonesa con los pies vendados porque la puntera era tan puntiaguda que le era imposible flexionar el pie al caminar.
Compré la cena en Mark & Spencer y volví al hotel. Hoy me he dado una paliza mortal.
Sufrí un momento de pánico al ver que no funcionaba la conexión a internet. Bajé a recepción a hablar con Candela, que por el nombre ya podéis imaginar de dónde es. Reseteó el módem y todo volvió a la normalidad.
En breve me voy a acostar.
Buenas noches.

1 comentario:

BRUJA ROSA dijo...

Desde la cama, cojo el móvil para comprobar si ya subiste la crónica de hoy,tal y como hice ayer. Orgullosa tenías q star de leerte justo antes d dormir... Pero he deseado no haberte leído después d ver esas fotos d muertos... A esta horita... Tendré que volver a leer Crepúsculo para poder dormir con otra imagen muy distinta en mi mente...