13 sept. 2011

Una cateta en Estocolmo (Día 4)

Seis de la mañana. Entraba por las rendijas de las cortinas una luz como si fueran las tres de la tarde. Metí la cabeza debajo de la almohada e intenté dormir hasta las siete y media con bastante poco éxito. Voy a poner una fábrica de persianas en Goteborg y me voy a hacer de oro.
Me levanté y bajé a desayunar. Fueron bajando el resto de miembros del comité ejecutivo. Nos faltaba nuestra presidenta, que mandó un mensaje ayer por la noche explicando que un virus estomacal le impedía volar. Entre nosotros, que se fue por la pata abajo y no se podía mover del cuarto de baño. En algún momento del día de hoy tiene que aparecer por aquí.
El desayuno era similar al del otro hotel, así que todo bajo control.
A las nueve comenzamos la reunión, en una sala muy acogedora con grandes ventanales desde los que podíamos ver el día tan asqueroso que hacía. Nublado, ventoso y lluvioso. Finales de Noviembre para nosotros.
Estuvimos reunidas hasta las doce, hora en la que fuimos al restaurante del hotel a comer de bufet. ¡Qué rico todo! Había unas hamburguesas gordas de ternera que tuvimos que compartir entre dos, salsa de arándanos, patatas asadas, crema de champiñones con pipas de girasol flotando, tomates y arroz de varios tipos. De postre, mini brownies con salsa de chocolate.
Reanudamos la reunión a la una y cuarto. A las dos y media vino la presidenta de WISTA Suecia para tratar de asuntos de la conferencia. A las cuatro y media dimos por finalizada la reunión.
Subí a la habitación a descansar un rato pero no pudo ser porque ya habían llegado mis amigas Eleftheria y Anna-María de Grecia. Estuvimos en su habitación, que es el doble de grande que la mía y tiene un armario de verdad, aunque sin techo. Me metí dentro para comprobar si podía esconderme, pero tampoco. Se te ve desde fuera perfectamente porque en lugar de puerta tiene unas cortinillas amarillas caladas y se ve todo.
Se unió a nosotras Nuvara de Turquía y estuvimos allí charlando y comiendo galletas hasta las seis y media.
Nos arreglamos rápidamente porque a las siete y diez exactamente estábamos citadas en la entrada para ir a cenar con las suecas. Con las suecas no se juega, de modo que estábamos allí todas a la hora en punto, ni un minuto más. La cena de hoy era sólo para presidentas y miembros del comité ejecutivo. Entre otras, estaba la presidenta de WISTA Emiratos Arabes, que el año pasado en Atenas estaba embarazadísima y este año ha venido con su marido y su bebé de ocho meses.
Nos llevaron andando hasta el restaurante. Tardamos cinco minutos. No llovía y tampoco hacía demasiado frío, como unos 12/15 grados.
Descubrí la embajada española por el camino. Nosotros, más chulos que nadie, estamos en una de las zonas más caras de Estocolmo, en un chalet enorme. En este lugar se celebró la Expo de 1930. Quedan aún en pie los chalecitos, que ahora son en su mayoría restaurantes. Cenamos en uno de ellos.
El menú consistió en un bufet con arroz mezclado con frutos secos (riquísimo), unos pastelitos de salmón con verdura, pollo, ensaladas varias y pinchitos vegetales. De postre, una escandalosa tarta de frambuesas y otra de chocolate con frutos secos. Mortal.
La presidenta de WISTA Francia, sentada enfrente de mí en la foto, salió a la puerta a fumarse su habitual puro. Tendríais que verla con qué estilo se los fuma. Me río yo de Sara Montiel.
A las nueve y media en punto finalizó la cena. Seguro que lo tenían programado, no me cabe duda.
Volvimos al hotel y nos despedimos enseguida. La mayoría ha viajado hoy y estaban todas reventadas.
Según el ascensor, la planta baja está en el piso 2, yo estoy en el piso tres, que en realidad es el 1, y la presidenta de WISTA Holanda dice que su habitación está en las mazmorras, porque tiene que bajar desde recepción a lo que, según el ascensor, es el piso 1.
Mañana comienza la conferencia en sí. Vienen delegadas de 28 países diferentes. Somos 220 este año.

Buenas noches.

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