17 sept. 2011

Una cateta en Estocolmo (Día 7)

Después de acostarme ayer a las cuatro, decidí no levantarme temprano y, por primera vez, llegar tarde a las conferencias de la mañana. Me levanté a las nueve menos cuarto. A las nueve y media estaba sentada escuchando terminar al primer ponente. Al entrar me encontré en la última fila a una sueca descalza, con los zapatos perfectamente colocados debajo de su asiento y tomándose un café. Como si estuviera en el salón de casa, más o menos.
No fui la única en llegar tarde. En el ascensor bajamos varias junto con un crío de unos ocho años, rubio platino y con unos ojos azules preciosos. A esa edad ya hablan inglés perfectamente. Aquí todo el mundo habla inglés perfectamente.
Hablando de niños, este año tenemos tres con nosotras. La presidente de WISTA Emiratos Arabes ha venido con su hija de ocho meses, una nigeriana con un muñeco precioso y una de las suecas estuvo por la sala acunando esta mañana a un recién nacido.
La sesión duró hasta las doce y media, hora en que se dio por clausurada la conferencia oficialmente.
Salimos pitando a cambiarnos de ropa porque a las doce y cuarenta y cinco minutos salíamos para las excursiones. Había varias opciones: visita al puerto por mar, visita al museo Nobel, visita al museo marítimo y The Millenium Walk, que consistía en recorrer las zonas de Estocolmo que aparecen en los libros de Stieg Larsson. Yo hice la visita al puerto por mar.
Salimos desde el embarcadero junto al Museo Vasa en un antiguo barco de vapor de 1903, ahora reconvertido a fuel. En la cubierta de abajo tenían un restaurante donde comimos estupendamente. De primero sirvieron salmón ahumado y de segundo una albóndiga del tamaño de una pelota de tenis acompañada de puré de patatas y salsa de arándanos. Bebimos agua ♫ ♪loka loka loka ♫ ♪. Simplemente delicioso.
Durante el trayecto un representante del puerto de Estocolmo nos fue explicando detalles de las terminales que íbamos pasando.
Nos dejaron sin postre. Algo habríamos hecho.
Subimos a la cubierta superior, donde hacía algo de frío, y estuvimos viendo Estocolmo desde el mar.
A las cuatro nos volvieron a dejar en el embarcadero desde el que salimos y volvimos al hotel caminando, sin pasar por el cementerio como ayer.
Subimos a una de las habitaciones y estuvimos charlando hasta las seis.
Nos fuimos a vestir para la cena de despedida en Wallmans Salonger. Salimos en autobús exactamente a las siete menos cuarto, según programa.
Wallmans Salonger es una sala de fiestas donde ofrecen cenas con música en directo. Un grupo de cantantes estuvo animando aquello. Ellos mismos nos sirvieron la cena: pasta de marisco, solomillo de ternera con Bovril y patatas con crema de nata. De postre, un vaso con chocolate y mouse de café.
Cuando cantaban en sueco parecía aquello el festival de Eurovisión. Eran muy buenos y muy marchosos. El baile se puso en marcha entre plato y plato.
El marido de una de las miembros de WISTA Suecia, impresionante ejemplo de la fauna autóctona, estuvo charlando un rato en la mesa de la delegación española.Hay ejemplares similares a cientos por la calle. Es otro de los atractivos de Estocolmo. El número de tíos buenos por metro cuadrado es mayor de lo habitual en otros países.
A las doce salió el primer autobús y en ese aproveché para volver.
Estuve charlando en el hall con varias de las griegas y algunas turcas. Enseguida nos despedimos porque estábamos todas derrotadas.

Buenas noches.

No hay comentarios: