13 may. 2009

La misma cateta desde Florencia (Toscana 2)

Antes de empezar con el segundo informe, he de decir para aquellos que han quedado impresionados negativamente por mi descripción del vuelo con Ryanair, que no dio miedo en absoluto. Despegamos de muerte, aterrizamos de muerte, como si hubiéramos pagado 600 euros con Iberia. Y lo mejor, que se me pasó ayer, cuando el avión aterrizó y se hizo ese silencio de alivio por no habernos convertido en una bola de fuego, sonó por megafonía una trompeta victoriosa: "TATATATATATA. Welcome to another Ryanair destination". A todos nos entró la risa.
Probablemente mañana no sea capaz de levantarme de la cama. Acabo de pasar nueve horas y media dando vueltas por Florencia. Incluso para comer tuve que tomar un bocadillo sentada en un banco porque conseguí entrada para los Uffizi a las 14:15 hrs y no podía perder tiempo.
En la foto podéis verme con David. Muy simpático, por cierto. Más alto de lo que pensaba.
Los carabinieri son como modelos de Versace disfrazados de capitán general. Con el calor que hacía hoy iban con esas guerreras azules y unos guantes de cuero gordo en la mano. "Pa" matarlos.
Estuve en Louis Vuitton. Como el bolso más barato costaba 3800 euros, decidí acercarme a un negro que los vendía cien metros más allá. Hice uso de mis dotes de regateadora y me planté en la mitad del precio que él me pedía. Y yo plantada hasta que el tío cedió. Estoy muy orgullosa de mi bolso de Louis Vuitton. Cuando me lo veáis por la calle, haced como que no os lo he contado.

Los Uffizi. Bastardos, más que bastardos. "La Tribuna" estaba en restauración y no he podido ver los cuadros de Botticelli. Pero he flipado con El duque y La duquesa de Urbino (ese señor del gorro rojo, de perfil, con los ojos huevones y la nariz extraña). Toda la vida viéndolos en fotos y te los encuentras de repente de verdad y flipas.

El Duomo por dentro muy bien, pero es mejor por fuera. No he subido a la cúpula. He dejado los 463 escalones para mejor ocasión.

Entré casi por casualidad en la iglesia Santissima Annunziata y flipé. Barroco hasta las orejas. Pero lo mejor fueron los rusos que entraron conmigo. Ellas llevaban la cabeza cubierta con pañuelos. Iban acompañados de dos sacerdotes, uno con barba larguísima y una sotana verde aceituna. Supongo que eran ortodoxos. Se pusieron a cantar a capella muy bajito en una de las capillas. A LU CI NAN TE.

Comí un helado en Vivoli, que se jacta de ser la mejor heladería del mundo. Muy bueno. Y ayer bebí un chocolate caliente, a pesar del calor, en Rivoire. También se lo tienen muy creído. Están justo en la Piazza della Signoria y sentarse allí es un espectáculo. Bueno, lo cobran como un espectáculo.

Voy a salir a cenar y a ponerme en horizontal enseguida.

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