7 oct. 2014

Una cateta en Chipre (Día 5)

A las seis y cuarto desperté sin remedio y me levanté a contemplar la salida del sol, que aquí aparece más temprano de la cuenta y como no hay persianas pasa lo que pasa.
Estuve escribiéndoos y preparando varias cosas de la conferencia de WISTA. A las ocho y media bajé a desayunar al jardín. Andaba por allí la señora inglesa que todo lo controla y que me dijo que no trabajara mucho hoy. ¿Cómo sabía que iba a trabajar hoy?
Los rusos ya estaban tostándose al sol vuelta y vuelta.
A las nueve y veinte vino Despina en un Porsche Cayenne a recogernos junto con un taxi para llevarnos a la sede de la cámara de navegación chipriota donde íbamos a celebrar la reunión del comité ejecutivo de WISTA.
Yo hice el trayecto en el taxi. Dejo para otra ocasión lo de subirme a un Porsche Cayenne. Aún no me he repuesto de la emoción del Maserati.
Al pasar por una iglesia, el taxista se estuvo santiguando hasta que la perdimos de vista.
Estuvimos reunidas hasta las tres y media de la tarde tratando asuntos de la asociación. Comimos en la misma mesa de reuniones para no perder tiempo.
Tosan la nigeriana tuvo que ponerse las medias y una pashmina por encima de los hombros porque estaba muerta de frío. Es de sangre tropical. Hoy disfrutamos de 27ºC.
Cinco volvimos al hotel y otras dos se quedaron por el centro para hacer una visita a un cliente.
En el hall del hotel nos encontramos con varias miembros de la asociación. Hicimos el registro para la conferencia y nos asomamos a ver cómo estaban preparando la sala de reuniones.
Subí a la habitación a descansar un rato y darme una ducha.
Apareció a visitarme Halime, la presidente de WISTA Turquía, con una caja de 640 gr de chocolate que hay que partir con un martillo. Es vox populi que soy adicta al chocolate.
Estuvimos enviándonos selfies por Whatsapp con Nuvara, que no ha podido venir porque tiene un bebé de meses que requiere su total atención.
Encima del escritorio descubrí una caja de aspecto sospechoso. Dentro había dulces que estuve devorando sin piedad. Hay que terminarlos antes de marchar porque no me van a caber en la maleta.
Según tenía comida la mitad de la caja empecé a pensar que era el momento jacuzzi. Ahora o nunca, me dije. Así que llené la bañera y estuve allí metida hasta que se paró solo. No sé si me lo he cargado o tiene un sistema para que la gente no se muera dentro.
A las siete bajé al hall a reunirme con las demás miembros del comité ejecutivo y las presidentes de todos los países WISTA presentes para la conferencia con el fin de asistir a la cena de presidentes que este año celebramos en casa de Despina, en la mansión de Despina. No sé qué me ha gustado más, si el Maserati, la casa, el hijo o el marido.
Se puede tener mucho dinero y ser un hortera absoluto o tener un gusto exquisito como es el caso.
La casa está en una colina con vistas al mar. Es una construcción moderna de hormigón con enormes ventanales, piscina, jacuzzi, jardín japonés y dos sirvientes filipinos.
Sirvieron un buffet junto a la piscina. Seguimos con una temperatura perfecta, tanto de día como de noche.
Sobre las once, después de sacarnos mil fotos, volvimos al hotel en el mismo autobús que nos llevó.
Hubo quien siguió la fiesta en la piscina del hotel, pero como a mí me espera un día duro mañana, me fui a recuperar fuerzas.
Estoy pensando que va a ser duro volver a la vida de clase media.

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