11 oct. 2014

Una cateta en Chipre (Día 8)

Hacia las ocho de la mañana me despertaron unos estornudos inhumanos procedentes de la habitación vecina. Ruso, seguro. Es la primera vez que oigo señales de vida a mi alrededor. La insonorización es estupenda, pero estornudos de ese calibre pueden atravesar una cámara acorazada. Mercedes, que se hospeda tres habitaciones más al fondo, dice que los oyó también.

Me quedé en la cama en estado semi comatoso hasta las nueve menos cuarto.
Bajé a desayunar al comedor de la terraza a las nueve y cuarto. Brillaba un sol ofensivo. Compartí mesa con dos turcas, dos canadienses y una inglesa.
A las diez se reanudaron las sesiones de la conferencia con poca presencia de público. Esto de celebrar la cena de gala el jueves es un tremendo error de cálculo. El año que viene intentaremos volver al viernes como se hacía antes.
Después del descanso para el café apareció el resto del público.
A la una se clausuró la conferencia. Comimos en el buffet de la terraza.
A las dos y media nos dividimos según la visita que habíamos elegido. Yo escogí la antigua ciudad de Curium y la playa de Petra tou Romiou, donde dicen que nació Afrodita.
En las ruinas hacía bastante calor. Hay un teatro demasiado restaurado para mi gusto y los restos de algunas casas.
Camino de la playa pasamos por los terrenos de una base militar británica. La carretera es de la base pero puedes usarla siempre y cuando no te pares para nada. Sólo vimos barracones, una gasolinera y un campo de rugby. Nos dijo la guía que hay un pueblecito inglés, incluso con su propio banco.
Vimos cabras por los montes.
En la playa las suecas inmediatamente se metieron en el agua. Alguien  se preguntó en voz alta si sabrían que no iban a poder cambiarse de ropa pero todo lo tenían previsto. Se escondieron detrás de un arbusto y se quitaron los bañadores. Desde la carretera las hubieran visto perfectamente. Muy sueco todo.
Dicen que si te bañas en pelotas un día de luna llena y le das unas vueltas a una roca que hay muy cerca de la orilla, sales tan guapa como Afrodita.
En el viaje de vuelta se nos sentaron al lado las dos indias. Huelen bastante a sobaquina. Mercedes tuvo que sacar del bolso un perfume en crema para que nos lo pasáramos por las narices con la intención de aliviarnos. Laura nos pidió por favor que no les dirigiéramos la palabra porque al girarse para hablarnos la corriente de aire que se formaba era insoportable.
Volvimos sanas y salvas a las seis de la tarde. En mi habitación se organizó una tertulia con Eleftheria y Anna-María que duró hasta más allá de las siete y media.
Bajamos a cenar a la barbacoa del hotel, donde nos metieron una clavada importante. Nos juntamos más de veinte. Seguía haciendo una temperatura estupenda. Cuando nos echaron de allí tomamos posesión del bar exterior. Allí estaban los padres de Joan la holandesa, que vienen a pasar al hotel dos meses al año, octubre y mayo. No quiero pensar lo que les cuesta la broma.

En el bar junto al hall me reuní después con nuestra presidenta y varias americanas. La broma duró hasta las dos y media. Ahora son casi las tres y cuarto.
Buenas noches desde Chipre.


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