8 oct. 2015

Una cateta en Constantinopla (Estambul, Día 5)

Hoy o no cantó el moro o yo no me enteré.
Desperté a las siete y veinte con el estómago al 80%, así que sólo comí un par de galletas para no caerme redonda.
Karin y Jeanne también tienen el estómago damnificado, de modo que sospecho que algo raro había en el kebab de pistacho que comimos el lunes junto a Casa Pedro.
Una buena amiga de WISTA Suecia ha colgado en Facebook una foto de los pares de zapatos que ha traído a Estambul. ¡Qué arte! Yo meto nueve pares de zapatos en la maleta y me puedo ir olvidando de ir de compras en el viaje. El año pasado apareció con un número similar
A las ocho y cuarto bajé al hall a registrarme para la conferencia. Me entregaron la tarjeta identificativa y una bolsa llena de quincalla que fui a dejar en la habitación para que no me estorbara el resto del día.
Las holandesas nos hacen un regalo simpático todos los años pero éste han decidido invertir el dinero en una donación para los refugiados sirios.
A las nueve comenzó la reunión de presidentes de países WISTA, con 28 presentes en persona y 2 online desde Australia y Estados Unidos. Duró hasta la una. Comí un poco de arroz blanco con una cucharada de sopa por encima como ayer. La comida con olor me sigue echando para atrás.
A las dos comenzó la reunión general, que duró hasta las siete de la tarde.
Todos los años votamos a la personalidad del año WISTA. Las suizas presentaron a un candidato para el cual pidieron el voto con una chocolatina. Por mí pueden presentar candidatos todos los años, que me los voy a comer con mucho gusto.
Votamos también a la nueva secretaria de WISTA, Despina. A mí me despidieron con una larga ovación de pie. Creo que fue la experiencia más emocionante de mi vida.
Me regalaron la maqueta de un barco como agradecimiento por los seis años que he dedicado a WISTA. Ya puedo decir que soy armadora.
Las alemanas me regalaron chocolate, la delegación polaca chocolate y otro barco. De verdad, de verdad, no sé dónde voy a meter todos los regalos que tengo que llevar de vuelta a casa.
A las ocho empezó el cóctel de bienvenida, una hora más tarde de lo previsto porque la reunión de la tarde se alargó más de la cuenta.
Este año sólo somos cuatro españolasen la conferencia.
Otro subidón de ego. Se me acercaba todo el mundo a abrazarme, a darme las gracias y a decirme lo mucho que me van a echar de menos.
Sobre las diez tomamos al asalto uno de los bares del hotel. Griegas, suecas, noruegas y holandesas, chipriotas y yo. Hubo una batalla de almendras de un extremo a otro del bar que casi provoca nuestra expulsión.
A las once dejamos a las nórdicas continuar con la fiesta. Las demás nos fuimos a dormir.
Anna-María comparte habitación conmigo como alguna vez anterior. Eleftheria no ha podido venir por problemas de última hora.
Cuando ya estábamos duchadas y en pijama, apareció otra griega en pijama con pocas ganas de dormir. La tuvimos hospedada hasta las mil quinientas. 
Buenas noches desde Constantinopla.

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