20 sept. 2009

Una cateta de vuelta en la tierra (Londres, día 9)


Hoy me desperté a las siete de la mañana. Es algo que arrastro penosamente por la vida. No soy capaz de dormir hasta tarde, y aquí, sin persianas, imposible. He de decir que el silencio en el hotel es absoluto. Parece que sea yo la única huésped.
A las diez de la mañana salimos las cuatro españolas que aún quedábamos en Londres. Fuimos a visitar el Imperial War Museum, un museo dedicado a la guerra, sobre todo a la Segunda Guerra Mundial. Está muy cerca del hotel. Fue una visita interesante. Aquello estaba lleno de parafernalia militar, desde aviones a tanques pasando por submarinos. Dentro del submarino lo que más me llamó la atención fue el retrete. Había que hacer ocho maniobras diferentes con distintas palancas para conseguir tirar de la cisterna. Un letrero advertía que, de hacerlo incorrectamente, el regalo podía serte devuelto saliendo de allí como si se tratara de una fuente.
Pasamos dos horas allí dentro. Había mucho que ver. Incluso tenían una casa, un refugio antiaéreo, un águila de bronce enorme traida del Reichstach, cartillas de racionamiento, una máquina "Enigma", y cientos de cosas más.
Al salir fuimos a comer a un pub. Comimos bien. COMIMOS BIEN. Por fin algo que sabía a comida y no tenía más pimienta de la cuenta. Preguntamos a la camarera y nos dijo que, por supuesto, en la cocina no había ningún inglés.
He descubierto una pócima milagrosa que me ha facilitado mi buena amiga Marisol. Se llama Almax. Te tomas un sobrecito de contenido gelatinoso y el estómago vuelve a ser casi el que era. Recomendable.
Volvimos al hotel a recoger el equipaje. Tardamos media hora en conseguir un taxi porque había un maratón por el centro de Londres. El taxi que nos llevó era rosa. Cuatro mujeres en un taxi rosa. Nos llevó a la estación Victoria y allí tomamos el Gatwick Express para el aeropuerto. Media hora de viaje agradable charlando.
En el aeropuerto tuvimos que separarnos en dos grupos. Las chicas que volaban a Madrid se quedaban en la terminal sur. Las que volábamos a Barcelona y Faro nos trasladamos a la terminal norte. Hicimos alguna compra y nos despedimos.
Mi vuelo salió a su hora. Otra vez Easy Jet. Ningún problema en el trayecto. Me senté en primera fila con cuatro divorciadas inglesas que iban a tomar el sol al Algarve. Todas llevaban un Cartier en la muñeca. No pararon de hablar y beber vino blanco. El iPod se me quedó sin batería y tuve que escucharlas.
El piloto y la sobrecargo se traen algo entre manos. Antes de despegar, él nos dio la bienvenida y dijo que la sobrecargo tenía muy buen aspecto para su edad. Ahí siguió una conversación entre los dos por el teléfono interior. Mucho jaja jiji. La sobrecargo le comunicó que estaba castigado sin café y sin comida durante el vuelo. Media hora después de despegar él salió a charlar y más jaja jiji.
Aterrizaje sin complicaciones en Faro, traslado a Huelva en coche, ducha y a la cama.
Mañana vuelta al cole.
¡Qué bien me lo he pasado!
Próximo viaje WISTA en Febrero. Destino aún desconocido.

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