3 sept. 2009

El otorrino


Esta mañana me levanté con el oído derecho taponado. No oía nada y tenía la misma sensación que cuando tienes un catarro de nariz y tienes la cabeza llena de mocos. Llevan dos años los médicos de la mutua diciéndome que tengo tapones en los oídos. Yo hasta que no reviento no voy al médico, así que he esperado a reventar. Hoy mismo he querido ir porque la semana que viene tengo programado un viaje en avión y ya sé lo que es un dolor de oídos por culpa de la presión.
Llamé al primer otorrino que encontré en mi libro de médicos. Tardó en coger el teléfono. Tenía la voz cascada y me dio cita para las once de la mañana. Raro, ¿no? El mismo día. Allí me presenté diez minutos antes, por aquello de la puntualidad que me caracteriza. La puerta de la consulta estaba abierta y el médico me llamó desde su despacho para que pasara. Ni enfermera ni cuentos. Cuando lo vi estuve a punto de salir corriendo. Era un tipo grandón, desgreñado, melenudo, sin afeitar. Su despacho parecía sacado de una película antigua, pasado de moda, iluminado por una luz mortecina. La silla de pacientes era como la de los barberos de las películas. Me hizo sentar en ella y me dio la espalda. Cuando se volvió tenía en las manos una jeringuilla enorme, igual que una que vi en un documental, que la usaban para anestesiar a un hipopótamo. Introdujo aquello en mi oreja mientras me hacía sostener una cuña metálica bajo mi cara. De la jeringuilla salió agua a presión, de tal manera que pensé que iba a salir por el oído contrario. Sacó la jeringuilla de mi oreja, miró dentro y dijo: “Tiene usted el conducto muy estrecho”. Y volvió a cargar la jeringuilla. Empecé a rezar. “Este me deja sorda”, pensé. Una vez más entró aquella agua a presión en mi cabeza. Luego metió unas pinzas y sacó el tapón. No pude verlo porque me quité las gafas cuando comenzó toda la operación. Una pena. Me gusta a mí ver esas porquerías.
Me despachó enseguida y volví a la oficina. Bueno, confieso que entré en Zara por el camino.
He pasado el resto del día con burbujas en la cabeza y una ligera escora hacia estribor.

2 comentarios:

ro dijo...

¡Genial!

jesus dijo...

¿ y no te parece que la gente grita ? jajajaja... qué sensación.

Sigue así. Chupi.