19 jun. 2011

Una cateta en la Gran Manzana (Nueva York y Washington, días 11 y 12)

06:52 hrs. Desperté y pusimos la maquinaria en marcha. Duchas, cierre de maletas y desayuno. En el lugar que ocupaba ayer la salsa para carne hoy pusieron hamburguesas de cerdo con aspecto de revienta-arterias y patatas cortadas en taquitos, fritas en mantequilla. Una señora estaba rematando la faena con una lata de Coca Cola. Sano. Ni rastro de los scones. Tuve que fabricarme medio gofre en la máquina de hacer gofres y también comí un croissant. El aspecto exterior del croissant era normal. Interiormente no tanto. Era como de pan compacto.
A las nueve abandonamos la habitación. Tuvimos un pequeño desencuentro en recepción por culpa de la factura. Hablamos con el director del hotel, un señor amabilísimo que nos dio mil explicaciones.
Fuimos a la parada de autobús enfrente del hotel y tomamos el urbano hasta Union Station. Tuve una experiencia similar a la vivida en Atenas el pasado Octubre con el pago del billete. Hay que introducir billetes de dólar o monedas por una rendija por un importe total de 1 dólar. Llevaba monedas en la mano sumando la cantidad exacta, para quitármelas de encima. El problema es que la máquina no admite monedas de 1 centavo. Puse cara de idiota y el conductor me mandó entrar sin pagar. No lo hago a propósito, lo juro. Me sale solo.
En la estación estuvimos un rato mirando tiendas, que creo que eran las únicas tiendas que nos faltaban por ver en todo Washington. Vendían camisetas conmemorativas del asesinato de Bin Laden.
Nos sentamos a esperar un rato. A las once y veinte salió nuestro tren puntualmente con destino al aeropuerto de Newark. Detrás de nosotras viajaba una chica dormida en dos asientos, tapada con una manta y en zapatillas.
Llegamos a Newark sobre las dos y media de la tarde. Facturamos sin sobrepeso. Eso es un mérito viniendo de comprar medio estado de Nueva York y parte del Distrito de Columbia.
Tuvimos que esperar una cola para pasar el control de seguridad. Estaban metiendo a los pasajeros uno a uno descalzos en el escáner corporal. Supongo que vieron que las cosas se iban alargando demasiado, así que cuando nos tocó a nosotras nos hicieron pasar descalzas por el normal. Mi ordenador tuvo que pasar dos veces por el escáner porque llevaba el iPad en la misma funda. Los separaron y entraron sin novedad. ¡Uf!
Tremenda desilusión con el duty free del aeropuerto. Un par de quiosquitos con golosinas, un estante de refrescos y revistas, algo de tabaco y mucha ginebra y vodka. Lamentable. La estación de autobuses de Motilla del Palancar ofrece más mercancía.
Zona de embarque. Similar grupo de aldeanos portugueses de vuelta a casa. Señora vestida de negro con moño. Señora con tres rosas en la mano. Uno de los aldeanos que fue con nosotros a la ida volvía en el mismo vuelo. En lugar del aspecto desarrapado de la otra vez, vestía un elegante traje azul. Los zapatos marrones de campo eran los mismos.
Resumen del viaje:
18:20 (NY), 23:20 (Port), 00:20 (Esp). Despegamos con veinte minutos de retraso. Seguramente algo tendría algo que ver que la aerolínea United estuvo toda la noche sin operar debido a un problema informático. Se veían muchos aviones de esa compañía por la pista.
Elegantísimo avión nos han puesto esta vez. Cada pasajero tiene su pantalla individual con mando a distancia. Doce películas a elegir, videojuegos, programas de televisión y música. También se podía seguir la ruta del avión con todos los detalles de altura, velocidad, temperatura, etc.
19:00 (NY), 00:00 (Port), 01:00 (Esp). Elijo la película Cisne Negro y empiezo a verla.
20:00 (NY), 01:00 (Port), 02:00 (Esp). Salmón escalfado con patatas cocidas y salsa desconocida. Pastel de chocolate. Rico.
20:30 (NY), 01:30 (Port), 02:30 (Esp). Sigo viendo Cisne Negro. Esa tía está loca.
21:30 (NY), 02:30 (Port), 03:30 (Esp). Zzzzzzzz.
22:00 (NY), 03:00 (Port), 04:00 (Esp). Toque de queda. Apagan las luces.
22:15 (NY), 03:15 (Port), 04:15 (Esp). No sé qué me duele más, si la garganta o la rabadilla.
23:00 (NY), 04:00 (Port), 05:00 (Esp). Encienden las luces. Poco dura la noche en este aparato.
23:30 (NY), 04:30 (Port), 05:30 (Esp). Sándwich de pavo y queso en pan marrón con zumo de bote.
Aunque no hable de Patricia, está de cuerpo presente a mi lado. La próxima vez me voy a tomar una pastillita como la de ella. Lleva horas muerta.
23:45 (NY), 04:45 (Port), 05:45 (Esp). Rabadilla, despierta.
00:00 (NY), 05:00 (Port), 06:00 (Esp). Zzzzzzzzz. (Mentira, no soy capaz)
00:20 (NY), 05:20 (Port), 06:20 (Esp). Segunda vez que disfruto de la escena de la amputación en la película 127 horas. Mi vecino de dos asientos por delante a la derecha ha visto la película dos veces. No he podido evitar mirar. Morbo.
00:30 (NY), 05:30 (Port), 06:30 (Esp). En el horizonte oscuro se ve una línea naranja y verde. Empieza a amanecer. Descendemos hacia Lisboa. Me va a reventar el oído derecho.
00:40 (NY), 05:40 (Port), 06:40 (Esp). Aterrizamos. Aplausos, y no han sido los aldeanos.
01:00 (NY), 06:00 (Port), 07:00 (Esp). Control de fronteras en Lisboa. Pasamos como dos señoras por la puerta de ciudadanos europeos. Ya estamos en casa. A un anciano canadiense en silla de ruedas le están abriendo el neceser. Pedazo de navaja llevaba dentro. Con eso sí se puede matar a alguien. Pregunta: ¿cómo pasó el control al salir de Toronto?
Nos topamos con un duty free como Dios manda. Esto ya es vicio. Lo recorremos de punta a cabo.
Nos sentamos a esperar nuestra conexión a Sevilla. Fuera brilla un sol reluciente. Para mí son las dos de la madrugada. Una ambulancia, por favor.
Salimos de Lisboa a las 08:40 hrs y aterrizamos en Sevilla a las 10:30 hrs ya con el horario español, tras comer a bordo un croissant relleno de pavo y queso y una Pepsi Cola.
Mis padres aparecieron con diez minutos de retraso. Dejamos a Patricia en su casa de Sevilla y nos dirigimos a la nuestra.
Washington Dc – Puerta de mi casa: 22 horas y cinco minutos.
Distancia recorrida: mucha.
Velocidad media: sí, claro. Estoy yo ahora para cálculos.
Daños colaterales: me llora un ojo, tengo los oídos tapados, la garganta me duele.
En los últimos 40 días he subido a diez aviones. Por mis muertos que no me muevo a más de 15 kilómetros de casa en los próximos tres meses.
Buenas tardes desde el salón de mi casa.

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