10 nov. 2016

Una cateta en Florida (Día 8)


Desperté a las cuatro como todos los días. A las seis María me dio los buenos días con la noticia de que Donald Trump ganó las elecciones. Si los americanos tenían su 09/11, ahora tienen su 11/09.
Alex mandó un mensaje a las seis y media diciendo que probablemente metería en la maleta ropa adicional por si decidía quedarse a vivir en Las Bahamas.
A las siete apareció Alex con su sobrina, voluntaria de la conferencia, para recoger parte del material almacenado en la habitación.
A las siete y media bajé a la planta 8 con más material y mi equipaje. Lo almacenamos todo en la parte de atrás de la sala de reuniones. Desayuné bagels con mantequilla y fruta cortada. 

La reunión anual de WISTA USA comenzó a las ocho. La asistencia no era obligatoria, pero como me gustó tanto la del año pasado en Nueva York, quise estar presente.
A las doce terminamos y bajamos al hall del hotel a tomar los autobuses con destino a Port Everglades. Es el segundo puerto con más tráfico de cruceros del mundo, por detrás de Miami. Hay que ir hasta la sexta posición para encontrar un puerto español, Barcelona.
En lugar de ir en el autobús, fui en un tanque con Despina, su madre y su hijo Ektoras de dos años y medio. Pasamos el control de entrada al puerto y el check in sin mayor problema. Una vez a bordo del buque Koningsdam, subimos a comer algo a la cubierta 9, donde hay una zona enorme con stands de todo tipo de comida.
Conozco el barco porque lo tuvimos en puerto a finales de septiembre. Pasé un día entero a bordo y le hice una inspección completa. Se estrenó esta primavera. Es una maravilla.
A Ektoras no lo veía desde que era un bebé, cuando estuve en Chipre. Está guapísimo y es muy simpático. Habla griego e inglés.
Después de comer bajé a hacer el registro de la conferencia. Mi maleta, abandonada en manos del personal de tierra al llegar a la terminal, no acababa de aparecer por el camarote, así que fui con María a sentarnos junto a la piscina de popa. Aparecieron por allí Eleonora y Danae, dos griegas que están como cabras, con las que siempre me río un montón.
Estuvimos viendo la maniobra de salida del Zuiderdam, muy parecido a nuestro barco.
A mí esto de los cruceros nunca me ha llamado la atención, y los que tienen toboganes me dan especial grima. El Koningsdam es un barco elegante lleno de miembros de WISTA, de modo que, por esta vez, pase lo de hacer un crucero.
Los camareros filipinos se paseaban entre las mesas ofreciendo una bebidas color azul.
A las cuatro y media empezó el ejercicio por si nos hundimos. Digo yo que si nos hundimos la gente no va a pensar que tiene que ir al punto de reunión C o esperar en su camarote a que den instrucciones. Van a salir corriendo despavoridos como pollos sin cabeza (foto 7).
Nos reunieron a todos en distintos puntos para enseñarnos cómo funcionan los chalecos salvavidas.
María y yo teníamos pensado quedarnos en la habitación. Mi maleta acababa de llegar y estaba sacando la arrugadísima ropa del fondo. No pudo ser. Vino un filipino a sacarnos de la oreja para llevarnos al ejercicio.
Cuando por fin pudimos volver al camarote, terminé de colgar la ropa, me di una ducha y fuimos a la piscina a sentarnos un rato. Nos encontramos con Birgit Liodden y sus dos hijos. Al pequeño lo tuvimos de recién nacido con nosotras en Chipre. Al mayor en la barriga de su madre en 2012 en París.
Esta tarde tuvo lugar la reunión de presidentes de países WISTA. De España sólo hemos venido Laura y yo. Como nuestra presidenta no pudo venir, Laura fue a la reunión y yo a la cena de presidentes en el restaurante italiano del barco. Fue pantagruélica.
A las diez partió el buque. Desde los ventanales del restaurante vimos cómo nos separábamos del muelle y salíamos a mar abierto.
Tengo un kilo de chocolate en el camarote, medio de Suiza y medio de Turquía. Salimos a la piscina, donde por las noches hay cine en una pantalla gigante. Hoy pusieron Mamma Mia. Tremendo eso de que proyecten una película de Abba habiendo más de doscientas miembros de WISTA a bordo, porque Dancing Queen es nuestro himno. El resto de pasajeros ya saben quiénes somos.
A las once me retiré. Al levantarme noté cierto desequilibrio. Como no bebo supe enseguida que el barco se está balanceando.
Al entrar en el camarote me encontré con una langosta muerta encima de la cama. Ni rastro de María, que apareció al cabo de unos veinte minutos.


Buenas noches desde el Triángulo de las Bermudas.


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