7 nov. 2016

Una cateta en Florida (Día 5)

Tal y como sospechaba, desperté a las cuatro y también a las cinco, pero me obligué a dormir más. Cuando abrí los ojos por última vez eran las siete y media y estaba completamente groggy.
Están construyendo un edificio a pocos metros del hotel. El cartel donde se anuncia la venta de viviendas menciona que cuestan a partir de 1.3 millones de dólares. Voy a acercarme a la caseta de obra para ver si todavía queda alguno libre.
El número de vagabundos por metro cuadrado tanto en Miami como en Fort Lauderdale es similar al de Ferraris. Parece ser que vienen aquí a pasar el invierno igual que los ancianos con poder adquisitivo. No me extraña. Se puede dormir en la calle perfectamente.
Hoy desayuné en Starbucks un trozo de bizcocho de manzana riquísimo. Me costó lo mismo que un bizcocho entero en España.
Tomé el autobús de madera para ir al centro, a Las Olas Boulevard. Desde allí caminé por la orilla del New River, a lo largo de lo que llaman el Riverfront. Había muchos yates atracados. Hoy, primer domingo de mes, se celebra el jazz brunch. Decenas de familias llevan sus mantas, sillas de playa, sombrillas y comida. Se instalan en la hierba y comen escuchando música de jazz cerca de uno de los dos escenarios donde tocan.
Me senté un rato entre la gente a pelo. Toqué la hierba con la mano y me pareció que estaba seca. Al cabo de quince minutos empecé a sentir que tenía los vaqueros húmedos. Efectivamente, tenía toda la culera mojada. Me situé al borde del río, con el culo mirando al sol hasta que se secó lo suficiente para poder continuar con una vida normal.

Una pareja de ancianos bailaba sobre el escenario al ritmo de la música. Alucinante la agilidad que tienen a esa edad.


Empecé a sentir hambre, así que di media vuelta y volví a Las Olas Boulevard. En la mayoría de los restaurantes servían brunch. Entré en The Cheesecake Factory. Me senté en la barra porque no me gusta comer sola en mesas de restaurante. Ojeando el menú descubrí que tenían huevos benedictine. Sólo se encuentran los domingos en restaurantes que sirven brunch, de modo que no me es nada fácil comerlos. Los disfruté como un cerdo en un charco.
Mientras comía pasé un rato muy entretenido mirando cómo la camarera preparaba cócteles. ¡Qué habilidad y qué manera de manejar distintas botellas y mezclar distintos líquidos!
En un embarcadero cerca del restaurante me apoyé en la barandilla. Había un barco de pasajeros atracado. El patrón me saludó y me invitó a subir a dar una vuelta. Es otro servicio gratuito patrocinado por el ayuntamiento. Navega por el New River parando en distintos embarcaderos recogiendo y dejando gente.
Fue un paseo muy agradable. Hoy hemos tenido sol, hemos tenido lluvia ligera, hemos tenido viento, pero siempre una temperatura estupenda.
Al pasar por la zona donde se celebraba el jazz brunch tomé una foto para enseñaros el ambientazo.
Uno de los posibles planes para el día hubiera sido ir a los Everglades a pasear en uno de esos barcos que se mueven con un ventilador enorme detrás y luego ir a dejarme comer por un caimán. Cuando llegué al hotel ayer por la noche el conserje ya se había marchado y esta mañana era demasiado tarde para organizar la excursión.
En la zona del centro hay unas cuantas placitas donde los ladrillos del suelo están dedicados. Supongo que pagas unos dólares y el ladrillo está a tu disposición. Te puedes entretener un rato leyendo.
Un yate enorme salía por el río. Era tan grande que lo iban ayudando dos remolcadores.
Cuando bajé del barco me apeteció comer un helado. Le tenía echado un vistazo a un local donde tú mismo te sirves de unos dispensadores. Luego puedes echar encima diferentes toppings. Pagas por el peso del recipiente. Probé helado de plátano, de mango y de frambuesa.

A las cinco decidí volver al hotel en el autobús de madera. Pasamos por el Boat Show.
Ayer vimos a lo lejos el Harmony of the Seas atracado en el puerto. Actualmente es el crucero más grande del mundo. Ni loca me monto ahí. Parece un edificio de apartamentos enorme.
El operador que nos ha gestionado el crucero para la conferencia tenía ayer un grupo de pasajeros para un barco con una avería eléctrica. El barco no podía navegar ni los pasajeros podían hospedarse a bordo por falta de electricidad. Debido al Boat Show no hay habitaciones libres en los hoteles, así que estaban con un lío tremendo porque no sabían qué hacer con tanta gente. Esto del horario de invierno es una mierda.
Tenéis que ver los ceniceros que hay por la calle. Son como conos de tráfico con un agujero en la punta por donde metes el pitillo.














A las siete apareció María Mavroudi, mi compañera de habitación y camarote estos días. El grupo de griegas salió de Atenas esta mañana temprano. Han estado retransmitiendo el viaje por Facebook con todo detalle.
Salimos a cenar a Bubba Gump, el restaurante basado en la película Forrest Gump. Incluso hay en la puerta un banco con la caja de bombones y las zapatillas Nike de Forrest.
Volvimos al hotel poco después de las diez.
Al salir de la ducha me encontré a María dormida completamente vestida encima de la cama. Le tapé la nariz para despertarla. Tenía la boca cerrada. Aún así, tardó en reaccionar. Por poco no la ahogo.
Mientras María está en la ducha termino de escribiros para poder acostarme lo antes posible porque estoy muerta.
Me ha traído chocolate, como debe ser. Hemos abierto una tableta enorme de chocolate Lacta con crema de cacahuetes que está para morirse.

Buenas noches desde Fort Lauderdale.

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