8 nov. 2016

Una cateta en Florida (Día 6)

Despertamos las dos a las cuatro. María me preguntó si iba a seguir durmiendo y le contesté que íbamos a seguir durmiendo las dos. Aguantamos en la cama hasta las seis y media.
Esta noche descubrí una cosa terrible sobre María. Aparte de hablar en sueños, que ya lo sabía, ronca.
Fuera hacía un viento huracanado pero dentro no se oía absolutamente nada. ¡Qué ventanas!
Bajamos a desayunar al Starbucks a las siete y media. María está emocionada porque es gran cliente del negocio.
María trabaja para el American Club, una aseguradora con sede en Nueva York. ¿Os acordáis cuando estuve allí el año pasado en una reunión en un rascacielos desde el que se veía la Estatua de la Libertad? Esa es su oficina. Ella trabaja en la sucursal de Atenas. Aparte, es propietaria de un pequeño hotel en una de las islas del Dodecaneso. El mote de María es Taz, como el demonio de Tazmania. Os podéis hacer una idea de con quién estoy compartiendo habitación. Hoy me dijo que si viviera en Francia sería gorda y alcohólica.
Trae una mochila llena de aparatos. Si la mía parece un bazar chino, la suya es Mediamarkt.
A las nueve fuimos andando hasta el hotel Riverside para encontrarnos con el grupo de griegas. Fuimos en Uber a un outlet a una media hora de Fort Lauderdale. Es del estilo de Las Rozas Village, con varias calles de tiendas de lujo con grandes descuentos y un edificio con las marcas menos glamurosas.
Hoy dejé a Josefa encerrada en el baño de la habitación para poder comprarme algo. La tienda que más me gustó fue la de Lindt. Vendían unas tabletas de chocolate enormes.
Empezamos yendo cada una por su lado para no perder tiempo. Luego nos encontramos y visitamos algunas tiendas juntas. Después de una hora estaba francamente mareada. Fue entonces cuando entré en Columbia y triunfé.
Las griegas arrasaron.
El outlet estaba lleno de argentinos comprando maletas y cosas para llenar las maletas.
Nos sentamos en un restaurante italiano a comer algo ligero. Allí tuve la ocasión de ver al único caimán que voy a ver en Florida.
A las cuatro y media volví con parte de la delegación griega. Dos se quedaron y volvieron a las diez de la noche.
A las seis menos cuarto me encontré en el hall del Riverside con las miembros del comité ejecutivo internacional de WISTA. Fuimos a cenar a casa de Alex. Aunque ya no formo parte del comité, sigo vinculada ayudando en distintas tareas.
A algunas hacía dos años que no las veía, porque el año pasado muy pocas americanas fueron a Estambul por motivos de seguridad.
Karin y Jeanne me regalaron un lagarto que me compraron en Los Cayos. El lagarto no está vivo.
Alex, que es mi hada madrina, encargó especialmente Coca Cola de cereza para mí. El camarero que atendía la barra estuvo especialmente pendiente de tenerme el vaso lleno en todo momento. Ahora me estoy dando cuenta de que he bebido demasiada Coca Cola de cereza.
La cena estuvo bastante animada. Sirvieron un bufet muy rico en el jardín, junto al canal. Como era de noche, no había ni rastro de iguanas.
Laura Sherman trajo a su hija pequeña, que nos va a acompañar en el crucero. Estuvo bañándose en la piscina mientras cenábamos.
A las nueve se dio por terminada la fiesta porque mañana hemos quedado a las ocho.
Me acercaron al hotel en un Uber.
María apareció a las diez y media después de cenar con las demás griegas.
Buenas noches desde Fort Lauderdale.

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