11 nov. 2016

Una cateta en Florida (Día 9)

A las seis de la mañana me levanté, me arreglé y subí a la cubierta nueve a ver el paisaje. Al fondo se veía un crucero fondeado junto a una de las islas. Al pasar por el gimnasio vi que había bastante actividad. Laura estaba subida en una elíptica, Martina acababa de correr y Mary levantaba pesas. En una sesión de yoga había no menos de 20 personas.
El barco navega con cierto balance porque sopla algo de viento, pero no hace ningún tipo de ruido. Sólo en las maniobras se nota algo.
A las siete y media fui a desayunar a la puerta de The World Stage, el teatro del barco que hemos alquilado para las sesiones de WISTA. Hoy  se celebró la reunión anual donde se tratan temas internos de la asociación.
Comenzamos a las ocho en punto. Muchas se fueron incorporando más tarde. En la parte delantera se sientan un máximo de tres representantes de cada país, que son las que tienen voz y voto. Al tratarse de un teatro y no tener mesas, en lugar de poner las banderas o los nombres de los países, se les ocurrió a las americanas colocar unos cuadrantes en los respaldos de las butacas con el nombre de cada país bordado.
Como nos sentamos por orden alfabético, me tocó al lado una sueca que me contó que ayer les tiraron las maletas al agua al embarcar. Se las devolvieron por la noche con toda la ropa limpia, algún par de zapatos y otros objetos destrozados por el agua.
La reunión transcurrió sin problema, incluso terminamos un rato antes de lo previsto. Holanda presentó la conferencia del año que viene a celebrar en Rotterdam y se votó la sede de 2018, que será Tromso en Noruega. Vamos a pasar un frío de la muerte porque pretenden hacerlo a finales de octubre.
A la una atracamos en Nassau. A la una y media desembarcamos para ir a la presentación oficial de WISTA Bahamas.
Todos los niños que veis en las fotos vienen acompañados de sus respectivas abuelas que se hacen cargo de ellos mientras las madres están en la conferencia. Hoy sacamos a pasear a Ektoras y a Federica, la niña de Belén de Argentina. También vinieron Knut y Eric, los niños de Birgit. Esos abuelos son más listos porque sabemos que están a bordo pero no les vemos el pelo.
En Nassau no hay semáforos y los negros son tan negros que no se les ve la cara en las fotos. Los semáforos son sustituidos por unos policías muy elegantes que dirigen el tráfico.
Fuimos caminando hasta una carpa donde nos ofrecieron comida. Yo, la verdad, no me atreví a comer y bebí agua mineral directamente de una botella. Tuvimos que esperar un buen rato a que vinieran las autoridades, entre ellas una ministra. Otra ministra, ésta de la iglesia local, bendijo la celebración y hubo varios discursos. Me despisté un rato para ir a sentarme a descansar a una silla y luego a echar un vistazo por los alrededores con Catherine, presidenta de WISTA de Hong Kong.
El color del agua es azul verdoso. Hacía un calor importante.
Lo poco que pude ver de Nassau fueron las calles alrededor del puerto. Estaban llenas de turistas de los cuatro barcos atracados hoy visitando los muchos bares y tiendas de la zona.
Varios negros oscuros vendían caracolas que vaciaban ellos mismos junto a sus barcas. María compró dos. Aunque viaja en business, no sé dónde va a meter todo lo que lleva adquirido hasta ahora. Me tiene el camarote lleno de bolsas y paquetes.
Regresamos al barco sobre las tres. Me quedé muerta con el estilismo capilar del policía de la puerta de la terminal.
Comí en la piscina con Despina, Ektoras y su madre, que tampoco habían probado bocado en tierra.
A las cuatro y media comenzaron las charlas. Elegí una sobre el tratamiento de residuos a bordo del barco, a cargo del oficial medioambiental. Seguro que os preguntáis que para qué me sirve a mí saber cómo tratan la basura en un barco. Parte de mi trabajo es gestionar que los buques descarguen los residuos que llevan a bordo cuanto están en puerto.
A las seis menos cuarto terminó la charla. Fui rauda y veloz al camarote a darme una ducha y ponerme elegante para el cocktail y la cena. De camino le dejé a Despina un par de camisas para planchar. Está hospedada en una suite y tiene servicio de plancha incluido. En el barco no se pueden tener planchas de viaje en los camarotes.
Mientras estábamos en el cocktail el barco salió de puerto, a las siete en punto. Era completamente de noche.
A las ocho y media fuimos al comedor a cenar. Cada pasajero tiene una mesa asignada y una hora para la cena. Todos los participantes en la conferencia tenemos cena a las 20:15 horas. Mi mesa estaba vacía, de modo que me senté con los cuatro miembros de la delegación dominicana. Vinicio me recomendó que comiera una sopa fría de un fruto tropical cuyo nombre no recuerdo. Estaba exquisita. De postre tomé una mini tarta de frutos rojos con helado de vainilla.
Al levantarnos de la mesa, ellos se fueron al teatro del barco a ver un espectáculo. Yo me senté con las griegas, que estaban a media cena todavía.
A las diez di el día por finalizado.
Saliendo del restaurante parecía que había bebido más de la cuenta. El barco se mueve y vas dando tumbos por los pasillos. No he oído aún de nadie que se haya mareado.
Al entrar en el camarote me encontré con otro bicho muerto encima de la cama. Esta vez una raya.
María apareció al cabo de media hora.
Comentamos que este año hay poca fiesta por la noche. Seguramente es porque la mayoría de las europeas despertamos muy temprano y el cuerpo no da para tanto.
 
Buenas noches desde el Triángulo de las Bermudas.



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